Un Wolaba Parade empapado, pero feliz: así se vivió la fiesta de la cultura de Puerto Viejo
La lluvia quiso robarse el protagonismo del Wolaba Parade 2026, pero la hicieron una participante más. En vez de detener el desfile, cerca de la casa de la cultura unos chiquillos decidieron que los charcos eran para bailar. Y así con todo a lo largo de una mojada y alegre tarde en el Caribe sur.
Nacido en 2013, el evento se ha ido nutriendo en asistencia, patrocinio y entusiasmo. En esta ocasión, la calle desbordada de vecinos, turistas y curiosos colmó de ruido y música un sábado donde el olor a pinchos y el constante clic de las latas alegró la playa revolcada tras el aguacero.
Las damas de la zona vistieron sus más elegantes vestidos, mientras muchos buscaban prendas alusivas a la cultura afrocaribeña para no desencajar. Aquí se podría decir que se ve mal a quien viene descolorido; pero es mentira: a nadie ven mal. Es un evento complicado por la estrechez de las calles, pero todo fluye. En todo caso, para todo hay tiempo aquí en la costa.
Puerto Viejo es una mezcla de culturas que no acaba de cocerse. Gastronómicamente nunca ha estado mejor y se ve a lo largo del recorrido. Está de moda como sitio turístico, pero la comunidad desea recalcar sus tradiciones, su música y su comida.
También hubo protagonistas para el show. Este año, el Wolaba se dedicó a seis negocios pioneros de la zona, empezando por el centenario comisariato de Manuel León (abierto en 1924) y luego los que, desde los 70, han hecho de Puerto Viejo un destino turístico: Maritza Hotel, Tamara Restaurant, Stanford’s Restaurant, Selvin’s y Maxi’s.
Hasta los bomberos se sumaron, con limbo, baile y animando al público. También participó el reconocido Equipo Nacional de Esgrima del Caribe Sur, así como asociaciones vecinales, escuelas... En total fueron 35 agrupaciones distintas, pero todos revueltos en un festejo de lo que nos trae a Puerto Viejo bajo sol y bajo lluvia.
Al salir el sol, los bailarines tuvieron todavía más oportunidades de lucirse y el público, de bailar y bromear hasta quién sabe qué horas, porque en la playa no corre el tiempo.