Cuando a Gaudí le preguntaban quién terminaría la Sagrada familia, contestaba: «San José, mi cliente no tiene prisa». El santo es el patrón de la buena muerte, pero el arquitecto acabó sus días atropellado por un tranvía. A Dios no conviene hacerle excesivas precisiones. La deslumbrante inauguración de la torre principal es de las cosas más hermosas de este curso. Me avergüenza recordar que hubo un tiempo en que el templo me parecía tan 'kitsch' como el castillo de Disneyland. No fui la única, salvando las distancias, Picasso lo detestaba y George Orwell lo consideraba «uno de los edificios más horrendos del mundo, como una botella de vino del Rin». La llegada de la Bauhaus y su funcionalidad simple y...
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