Karl quiere mucho a su mujer y quedó abatido cuando hace dos años la tuvo que ingresar en una residencia porque sufría alzhéimer, y él solo en casa, a sus casi 90, no la podía atender. Sólo salía a la calle para ir a verla. Alicia ya no lo conocía pero él igualmente iba, le tomaba la mano, le hablaba, le daba besitos. Y así cada día, aunque no obtuviera ninguna respuesta. Luego volvía a encerrarse en su pozo de soledad y tristeza. Pasó así semanas, sin responder a las llamadas ni mensajes de sus hijos y amigos. Al principio de este verano, todavía le costaba salir de casa, cada paso era un esfuerzo, avanzaba lento y torpe. Uno de...
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