Es la única mujer en la esquina, una excepción, que se debate contra medio centenar de hombres para ser la elegida. Quienes se congregan allí cada mañana comparten un afán, el de salir victoriosos de la elección de quien busca manos para levantar una obra. Electricidad, fontanería, alicatado, pintura o cualquier labor de construcción se adjudica en cuestión de segundos. Y se hace con prisas, en escasas palabras pero sin secretismo, pues por la avenida transitan viandantes, vehículos e incluso coches de Policía, que mantienen su camino sin detenerse. A plena luz del día, a las puertas del Obramat de Usera (junto al tanatorio de la M-40) se acuerdan de viva voz trabajos sin contrato. Como única garantía, un apretón...
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