Nikola Jokic era el divino gigante que todo lo podía hacer en la NBA, que si subir y distribuir el balón como un base, que si penetrar y finalizar con un fino eurostep, que si clavar triples e incluso tiros de media distancia tras fadeaway pese a su aparentemente tosco cuerpo de 2,11. Hasta que llegó
Victor Wembanyama.Leer más
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