En un rinconcito de una de las callejuelas del barrio de
Gràcia, donde estuvo ubicado el primer Capet y muy cerca del Mercado de la Libertad, un venezolano con experiencia en restaurantes de la talla de
Mugaritz y
Neichel y con un bagaje de 13 años en Japón —donde llegó incluso a conseguir una estrella Michelin y recibió, de la mano del maestro de Mibu,
Hiroyoshi Hishida, algunos de los secretos de la cocina japonesa— deleita paladares exigentes y curiosos desde el restaurante
Morralet.
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