Empecé a ver 'Amarga Navidad', desoyendo temerariamente las advertencias de gente que sabe de películas y que conoce mis gustos cinematográficos. Antes comprobé que no se hubiese estrenado ninguna serie nueva de alguna 'influencer', de algún director de películas que no ve nadie o del hijo de alguna vieja gloria de la canción infantil, el humor gráfico o la interpretación. Nada. Así que me puse 'Amarga Navidad', porque a mí las películas de Navidad me gustan mucho. Pero esta va de una señora a la que le duele mucho la cabeza y se queja mucho y va a urgencias. A unas urgencias idealizadas en las que atienden inmediatamente porque no están masificadas e ingresan a gente por una migraña porque les sobran las camas y los médicos. Unas en las que, además, el paciente le puede decir al celador en qué habitación quiere que le ingresen porque, no solo hay habitaciones individuales libres, sino que las hay de sobra y se puede decidir por apetencia. Como si aquello fuera un hotel en La Manga donde se prefiere ora vistas al jardín, ora a la mar salada. Creo estar en condiciones de afirmar que la señora tenía seguro privado. A la media hora de dolor de cabeza ajena (y ya un poco de dolor en la propia también) y de ciencia ficción médica, la quité. Así que no sé ni de qué va, aparte de un dolor de cabeza y de la idealización de los servicios de urgencias. Ni siquiera sería capaz de afirmar que fuese finales de diciembre. Las últimas pelis de Almodóvar, eso sí lo puedo afirmar, me parecen mucho más efectivas contra el insomnio sobrevenido que la valeriana, la melatonina, la difenhidramina o las memorias de Benjamín Prado. Yo las suministraría en farmacias y con receta en lugar de en cines. Así que me puse 'Calle Málaga', no porque nadie me la hubiese recomendado, sino porque me apareció sugerida justo después y, como salía Carmen Maura, me pareció una buena opción. Sucede en Tánger, pero eso da igual porque de lo que va es del arraigo y eso es universal. No es la película que habría visto si no fuese gracias a que Almodóvar es un cenizo, yo soy más de 'true crime' y de hostias, pero me ha gustado porque la directora, Maryam Touzani, desconocida por mí, esquiva los sentimentalismos con bastante pericia y eso, hoy en día, es de agradecer. Además, que para ponerse intensa ya está Marta Etura, que es de esa escuela de actores españoles que creen que actuar bien es fruncir el ceño y hablar como si tuviesen atravesada una ventosidad y, de relajarse, se les fuese a escapar la credibilidad con el traque. Etura aparece en calidad de hija de Carmen Maura, como mileurista separada que decide vender la casa familiar para comprarse ella una a costa de aparcar a su madre en una residencia. Como nos cae fatal, por comparación, nos cae fenomenal Maura y nos parece bien todo lo que hace. Un modo de gerontocomedia de enredo, la cosa se va liando cuando decida que no se queda en la residencia de ancianos, y que va a recuperar sus viejos muebles y a quedarse en su casa en venta a escondidas, y que se va a sacar una perras montando un bar clandestino donde la chavalada tangerina va a ver los partidos. Y, claro, hasta un amor crepuscular se marca la señora. Un amor crepuscular y un par de provectos e inesperados desnudos. No siendo la película que habría elegido de entre todas de no aparecerme justo después del sopor de la de Almodóvar, me ha gustado bastante verla. Así que podría afirmar que tiene más posibilidades de ser vista por mí, de manera libre y voluntaria, la próxima película de Touzani que la próxima de Almodóvar. Me pregunto si Carmen Maura pensará lo mismo.