Georgina Rodríguez ya se ha dado el 'sí quiero' con Cristiano Ronaldo . Mientras el mundo esperaba una boda pública por todo lo alto, ambos han sorprendido a sus seguidores compartido en sus redes sociales una imagen portando las alianzas junto a un texto con sus iniciales separadas por el emoticono de un corazón️. La modelo y el futbolista forman una de las parejas más consolidadas del panorama mediático, viviendo rodeados de lujo en Riad junto a sus hijos. Este verano, de hecho, la familia ha recorrido algunos de los destinos más exclusivos, desde Mallorca hasta Capri , antes de regresar a Arabia Saudí. Pero, esta ostentosa repleta de viajes en avión privado, yates, hoteles exclusivos, vestidos de grandes firmas y una impresionante colección de joyas poco tiene que ver con la humilde infancia de Georgina. Nacida en Argentina, su familia se mudó a Murcia y luego a Jaca , en el Pirineo aragonés, donde, según confiesa, «hacía un frío de pelotas en invierno». Allí se crio junto a su hermana Ivana y su madre . Creció en un entorno humilde, sin acceso a los mejores planes del pueblo ni a los dulces que deseaba. Estudió en un colegio de monjas y se enamoró del ballet en una pequeña academia. «Mi hermana, mi madre y yo hemos sido una familia y siempre hemos estado super unidas. Es verdad que a mí nunca me ha faltado lo básico . Pero también es verdad que a veces comía mejor y otras veces peor igual que a veces teníamos agua caliente y otras no», confesó hace unos años la empresaria en una entrevista con El País. Para combatir ese frío del que se quejaba con sus limitados recursos, la familia usaba métodos económicos que las unieron todavía más. «De pequeñas dormíamos juntas en la cama con una bolsita de agua caliente para las dos y como estábamos juntando los pies, nos arañábamos con las uñas; nos llamábamos Gaviota y Gavilán», recuerda su hermana Ivana en el documental 'Soy Georgina'. Pese a compartir gran parte de su vida, alrededor de los padres de Georgina sigue habiendo un halo de silencio. Su padre, Jorge Eduardo Rodríguez , argentino, fue condenado por delitos relacionados con el narcotráfico y expulsado de España antes de morir por las consecuencias de un derrame cerebral. Su madre mantiene un perfil completamente bajo. La mayoría de edad es clave para muchas personas, pues supone el paso a la adultez, ese momento en el que debes pensar cómo enfocar tu vida laboral y personal. Para la modelo, esta etapa estuvo también marcada por las limitaciones económicas de su familia. «A los 18 años quería estudiar y no podía irme de Jaca», recuerda. Pero todo cambió cuando logró su primer trabajo fuera de allí: «Me llegó una oferta de empleo en un hotel en un pueblo muy pequeño cerca de Barbastro, a dos horas y media de Jaca, y mi madre me dejó 100 euros para salir de mi pueblo. Así fue como empecé a tener un sueldo, pagar un alquiler y llevar una vida independiente». A partir de aquí, comenzó a construir poco a poco su propio camino hasta instalarse en Madrid con diversos empleos de los que habla con orgullo: «Yo he disfrutado igual de camarera en el restaurante de Graus poniendo menús de diez euros y viendo que la gente se iba satisfecha y me daba dos euros de propina, que planchando sábanas o vendiendo bolsos ». Tras una etapa en Bristol como Au Pair, regresó a la capital española y obtuvo un puesto en Gucci , en una de las calles más exclusivas de la capital. Ese trabajo la llevó, inevitablemente, a cruzarse con Cristiano Ronaldo, con quien sintió un «flechazo» y ha construido una familia idílica.