La crisis migratoria da la puntilla a la maltrecha economía ceutí
Con una discusión pública centrada en las causas inmediatas y profundas de la entrada masiva de migrantes desde Marruecos los días 30 y 31 de julio pasados, a Ceuta, una ciudad a merced de las tempestuosas relaciones hispano-marroquíes, se le vuelve a hurtar estos días el debate sobre su presente y su futuro. Es otra de las consecuencias de lo ocurrido la semana pasada: el golpe sufrido por la economía de una ciudad de pequeños empresarios que reclama una y otra vez en vano más atención del Gobierno de la nación y que pugna desde hace años por recuperar viejos bríos en medio de las dificultades.
Cuando la avalancha llegó a las calles de la ciudad, comercios, farmacias y locales de hostelería echaron el cierre por precaución durante horas –saqueos– y, en algunos casos, días. Ese gesto reflejo –proteger el negocio ante lo desconocido– es la primera pista de por dónde entra una crisis migratoria en la cuenta de resultados de una ciudad. Además de los dos días en que los comercios permanecieron cerrados, la Feria de Ceuta fue suspendida y el golpe al turismo ha sido inapelable.
Según datos de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE), la reciente crisis deja una consecuencia inmediata en forma de pérdidas de más del 70% para el comercio local y las cancelaciones hoteleras han llegado a un 100% virtual en una ciudad donde más del 90 por ciento del tejido productivo local lo constituyen microempresas.
Por otra parte, el importante aumento de las exportaciones en el último ejercicio no oculta la profunda dependencia de la economía del exterior de una ciudad en la cual el 44,3% de toda su riqueza procede directamente de la Administración Pública y de servicios esenciales como sanidad y educación. El paro es la cifra más elocuente del estancamiento ceutí: en 22,41%, una cifra que más que duplica la media nacional.
«La situación es espantosa», asegura a LA RAZÓN el presidente del Centro Comercial Abierto de Ceuta, Sergio Ramírez. «Para el comercio las pérdidas son enormes, el turismo se ha visto muy afectado, hay cancelaciones masivas, y la restauración también se ha visto dañada, empezando porque la Feria de este año se ha suspendido», resume.
Sin duda, la estrategia adoptada en los últimos años por las autoridades marroquíes hacia Ceuta, igualmente hacia Melilla, no ha ayudado precisamente a las economías de las ciudades autónomas. Tras la puesta en marcha del puerto de Tánger-Med hace ahora diecinueve años, en el otoño de 2019 Marruecos puso definitivamente fin al contrabando, y al «comercio atípico» tolerado durante décadas por ambas administraciones, que suponía anualmente entre 600 y 700 millones de euros para las arcas de la ciudad. Después llegaría la pandemia del Covid y el cierre a cal y canto de la frontera del Tarajal durante más de dos años, concretamente hasta mediados de mayo de 2022. Desde entonces y a pesar de que el Gobierno de España la anunciara en la primavera de aquel año como parte de la nueva hoja de ruta pactada con Marruecos tras el giro en el Sáhara, Rabat ha venido bloqueando la puesta en funcionamiento de la nueva aduana comercial.
Preocupación por el futuro
Tras el golpe recibido, la preocupación ahora para los empresarios ceutíes es el futuro, dada la situación de vulnerabilidad vivida y la falta de respuesta de un Gobierno de la nación que da la crisis por superada. «Tenemos miedo a la dejadez del Gobierno central. Se dice que Ceuta retoma la normalidad y es mentira, estamos sumergidos en una crisis brutal», afirma el presidente del Centro Comercial Abierto de Ceuta.
En este sentido, para la presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE-CEOE), Arantxa Campos, «lo ocurrido estas últimas semanas debe servir para que cada uno asuma la responsabilidad que le corresponde con Ceuta. La UE tiene que asumir que nuestra frontera es la frontera sur de Europa, implicándose en su seguridad y en una solución aduanera que garantice una conexión ágil y competitiva con el mercado europeo».
«El Gobierno de España debe corregir los agravios y singularidades que nos hacen competir en inferioridad de condiciones, eliminando trabas y garantizando que vivir, invertir y desarrollar una empresa en Ceuta no suponga partir con desventaja. La ciudad debe reducir progresivamente el peso de lo público en favor de la iniciativa privada, facilitando la actividad económica y la creación de empleo», añade la empresaria en declaraciones a LA RAZÓN.
"Hacer de Ceuta una ciudad más fuerte"
Más allá de los efectos inmediatos de la última crisis, preocupan las consecuencias a medio y largo plazo de un episodio que ha dado la vuelta al mundo para la inversión y la actividad empresarial en Ceuta. Una ciudad que vende su singularidad –puerto, régimen fiscal especial, posición entre continentes– como argumento para atraer capital e inversores ha visto cómo esa misma singularidad geográfica es también su punto más frágil: basta una crisis fronteriza para que la imagen de estabilidad se resienta.
«Los empresarios tenemos que apostar por Ceuta, invertir, emprender y generar riqueza; los ciudadanos debemos ser ejemplo de compromiso con nuestra ciudad, cuidándola, apoyando su economía y proyectando convivencia y normalidad; y los medios de comunicación deben contribuir desde el rigor», hace hincapié Arantxa Campos.
«Europa, España, la ciudad, tenemos responsabilidades distintas, pero un objetivo común: hacer de Ceuta una ciudad más fuerte, más competitiva, con mayor protagonismo de la iniciativa privada y plenamente integrada en España y Europa», concluye la presidenta de la CECE.
"Que el Estado actúe de manera contundente"
En este sentido, para el presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta, Karim Bulaix, «el gran daño sufrido es reputacional después de haber estado años trabajando en la promoción de una ciudad abierta, segura y maravillosa para invertir gracias a su fiscalidad y situación geopolítica única en España y Europa. Esta es una cicatriz que quedará para siempre».
«Necesitamos que el Estado actúe y de manera contundente e inmediata porque la ciudad no tiene pulmón para actuar. Estamos viviendo una situación terrorífica. No nos lo merecemos», remata Bulaix.
Y a este respecto deja claro que las consecuencias de la entrada masiva de migrantes en la ciudad autónoma están lejos de disiparse. «No es verdad que haya vuelto la normalidad para la población y empresarios de Ceuta», explica el empresario ceutí a LA RAZÓN. «Si la situación no se resuelve de forma urgente las empresas y la economía de Ceuta no van a resistir, esto puede colapsar», advierte el presidente de la Cámara de Comercio ceutí.