Vivaquean por ahí las campañas de verano para que nadie abandone un perro en la cuneta. Pues muy bien, porque un perro despreciado es una infamia, un fracaso de la ternura y un suspenso de la especie. Pero, entretanto, vamos dejando viejos en las cunetas poco visibles de agosto, que son los pisos cerrados, las residencias con horario de visita y los teléfonos que más bien nunca suenan. Hemos aprendido a cuidar de las mascotas muy finamente, mientras el anciano se nos queda, a menudo, en ese patio interior donde decide la tristeza. Hay, ya, perros con hotel, piscina, veterinario de urgencias y hasta psicólogo, si me apuran. Al perro le buscamos canguro para las vacaciones , protector para las...
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