Hice hace unos días un largo viaje de regreso de Vizcaya , mi tierra natal, a Córdoba , el hogar que me adoptó. Es una singladura que brinda el tiempo suficiente para realizar recorridos mentales. El primero en el que me embarqué fue en el recuerdo de unas vacaciones que se acercaban a su parada final. Con un transitar tan lento y parsimonioso como el del tren que me llevó de Bilbao a Madrid, se fueron sucediendo las estampas de las dos últimas semanas: en León , el síndrome de Stendhal al maravillarme con su Catedral y el asombro y la admiración al reencontrarme con la obra de Gaudí en su Casa Botines ; los chapuzones en la playa de...
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