Siempre me ha gustado la gente con piscina, aunque ese amor no ha sido tan recíproco como hubiera deseado. En los peores días del verano, que son los días que no puedo salir de Madrid y Madrid no puede salir de mí, que es algo mucho peor, fantaseo con una de esas vidas que empiezan el día con un baño en la piscina; un baño antes del café, cuando el ruido no ha llegado a la mañana y nadie ha incumplido ninguna promesa todavía y lo único que te espera es un desayuno y tal vez volver a la cama, yo qué sé, volver al placer. Imagino esas piscinas largas, silenciosas, apartadas de todo, tal vez en Capri, en Ibiza,...
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