Existen los amigos del alma, los amigos de parranda, los amigos de la infancia… Hay amigos que van y vienen, porque a la amistad llegamos con menos exigencias temporales que al amor, y quizá es ahí donde deberíamos enmarcar a los amigos de verano. Creo que nadie los llama así. Nos referimos a ellos más como los amigos de la playa o la panda del pueblo. Tanta tinta sobre los amores de verano y tan poca sobre una relación que pervive con más fuerza que el romanticismo apresurado de una docena de noches. Porque los amigos de verano, esos con los que compartimos las primeras carreras en bici, las primeras tardes de piscina sin adultos, las primeras verbenas, las primeras...
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