Burnham recibe a Zelenski y promete un apoyo "inquebrantable" a Ucrania
La primera visita internacional que ha recibido este lunes Andy Burnham desde su traslado a Downing Street no deja margen para la interpretación. Apenas una semana después de asumir el poder, el nuevo primer ministro británico se reunió en Londres con Volodimir Zelenski trasladando así un mensaje dentro y fuera del Reino Unido: Londres seguirá siendo uno de los principales aliados de Ucrania frente a Rusia.
La imagen tiene una carga simbólica evidente. Menos de dos semanas después de que su predecesor, Keir Starmer, viajara a Kiev en el que fue su último desplazamiento internacional como primer ministro, es ahora el presidente ucraniano quien cruza el Canal de la Mancha para inaugurar la agenda exterior del nuevo inquilino del Número 10. Una forma de subrayar que, pese al relevo político, la línea estratégica permanece intacta.
"Mi apoyo a Ucrania es inquebrantable. Es del cien por cien", aseguró Burnham. Zelenski tampoco escatimó elogios. "Hemos construido la relación más fuerte de la historia entre nuestros dos países", afirmó antes de aterrizar en el Reino Unido, donde situó entre las prioridades de su viaje el refuerzo de la defensa aérea, la seguridad marítima y la producción conjunta de armamento.
Uno de los principales socios de Ucrania
Ambos dirigentes visitaron una base naval británica donde más de 200 militares ucranianos acaban de completar el ejercicio Sea Breeze, unas maniobras multinacionales en las que participan quince países y que buscan mejorar las capacidades de combate y desminado en el mar Negro. Desde el inicio de la invasión rusa, el Reino Unido ha convertido el entrenamiento de soldados ucranianos en uno de los pilares de su ayuda militar.
Pero la principal novedad llega en el terreno tecnológico. Burnham anunció la cesión de la propiedad intelectual del sistema británico de guerra electrónica Stone Cloak, permitiendo que Ucrania pueda fabricar masivamente esta tecnología dentro de su propio territorio.
Los dispositivos, del tamaño aproximado de una tableta, funcionan como inhibidores electrónicos que dificultan que los radares rusos detecten y localicen los drones ucranianos. Miles de estas unidades ya han sido suministradas por Londres y han demostrado su eficacia en el frente. Ahora será la industria ucraniana la que asuma la producción a gran escala. El Gobierno británico, además, incorporará posteriormente esta tecnología a su nueva generación de armas de largo alcance, incluidos los futuros misiles de crucero del proyecto Brakestop.
"Stone Cloak representa lo mejor de la innovación británica desarrollada en casa y probada en combate", aseguró Burnham. "Será esencial para proteger la seguridad de nuestros dos países", añadió. La visita también sirve para visualizar la continuidad de una de las políticas exteriores con mayor consenso en Westminster. Desde la invasión rusa de febrero de 2022, el Reino Unido ha comprometido 25.000 millones de libras en ayuda a Ucrania, de los cuales 16.000 millones corresponden a asistencia militar. Ningún cambio de primer ministro —y van cinco desde que comenzó la guerra— ha alterado hasta ahora ese compromiso.
Una relación privilegiada
El propio Zelenski admitió hace apenas unos días que los cambios de liderazgo siempre generan incertidumbre. "Claro que nos preocupan", reconoció. "Pero lo importante son las relaciones entre los países, no solo entre las personas", dijo. Pero su viaje a Londres confirmó que, al menos por ahora, Kiev considera que esa relación privilegiada sigue intacta.
Para Burnham, que todavía está definiendo el perfil internacional de su Gobierno, recibir a Zelenski como primer visitante extranjero supone además una carta de presentación ante los aliados occidentales. Mientras prepara su agenda económica doméstica para intentar aliviar el coste de la vida de los británicos, ha querido dejar claro desde el primer minuto que, en política exterior, no habrá giros inesperados. Frente a Vladimir Putin, el mensaje que es de continuidad: el inquilino ha cambiado, pero la posición británica permanece exactamente en el mismo sitio.