Vaya por delante: España ha ganado su segundo Mundial como ganó el primero, porque mientras los demás eran selecciones ellos fueron un equipo. De tal forma que ni siquiera hizo falta que
Lamine o que
Pedri tuvieran que hacer milagros para que cayera el título. Bastó un nivel medio de su potencial. El mérito de
De la Fuente fue hacer un equipo en el que los que a priori se consideraban ‘acompañantes de lujo’ acabaron siendo el auténtico lujo del campeón. Me refiero a gente como
Porro, como
Cucurella, como
Cubarsí o como el mismo
Ferran, de quien me alegro que se vaya en ‘plan héroe’ al marcar el gol del título. Siempre creí que en el Barça acabaría al menos con 30 goles de jugar con más regularidad. También quiero destacar, aunque algunos no lo quieran oír, que la selección empezó a ganar títulos desde que se encomendó al estilo Barça y mandó a paseo la famosa furia. Aquello, no hace falta recordarlo, no trajo nada durante décadas. En cambio, desde que
Luis, en 2008, hizo el ‘click’ juntando a los ‘peloteros’, a los
Xavi,
Iniesta,
Cesc o
Silva, y
Del Bosque continuó por ese camino, empezaron a llenarse las vitrinas con sus herederos. El empaque con que jugó España ante Francia o ante Argentina fue clave. Vi miedo en estas selecciones, como lo vi en Inglaterra en la semifinal: con 1-0 su paso atrás acercó a
Messi al área y ahí cavó su fosa. Es admirable el Mundial que
Leo ha hecho con casi 40 años y estoy seguro que, de haber sido otro y no España el finalista, habría ganado un Mundial que, aparte de la solidez de España, no me acabó de gustar, sobre todo ese horroroso nivel arbitral.
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