Primero, algunos saludos. Luego, un rato sentado en el piso mirando todo y nada al mismo tiempo, con el rostro serio, pensando en ese instante especial lo que sólo él sabe qué. Después,
Donald Trump lo saluda y le coloca la medalla de subcampeón. Y ahí sí, una vez que baja de nuevo al césped, las lágrimas y un ida y vuelta con los fanáticos argentinos que emociona. Porque ellos lo reverencian con un
“Meeesiiii, Meeesiii, Meeesiii” desbordado de agradecimiento. Y sí, aunque hace un ratito se terminó de consumar una derrota más que merecida contra una España grandiosa, Leo también fue campeón…
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