Artistas ayacuchanos: “La Ley del Colegio Profesional es discriminatoria”
El artesano Reynaldo Quispe Flores lleva más de veinte años dedicado al retablo ayacuchano. Aprendió el oficio a los 12 años, por enseñanza de sus tíos, los reconocidos artesanos Donato Ramos Soto y Benigna Vallejo Quispe. Hoy, a los 37 años, mantiene su taller en el mismo lugar donde nació: el barrio de Belén, en Ayacucho, zona emblemática de artistas tradicionales consagrados al retablo y a la piedra de Huamanga.
Su obra está marcada por la sátira política y la memoria. Ahora, en la plaza de Huamanga, exhibe una nueva pieza nacida de la indignación. “Hice este retablo para protestar: está la presidenta electa, Keiko Fujimori, cargando al señor Fernando Rospigliosi. Llevan un cartel que dice ‘estudia’. Y acá tenemos, presos, a un retablista, un guitarrista y otros artistas de Ayacucho”, explica.
La protesta apunta contra la Ley N.° 32645, que crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú, oficializada el 13 de junio. La norma ha generado rechazo entre artistas populares ayacuchanos porque establece como requisito para la colegiatura contar con título profesional o licenciatura. Para creadores formados fuera de escuelas superiores, institutos o universidades, la norma motiva una pregunta directa: ¿quién decide quién es artista?
“Nosotros somos autodidactas. Mayormente salimos de la escuela de la casa: aprendemos de nuestros padres lo que hacemos en la artesanía”, explica Quispe: “Con esta nueva ley sentimos que nos están limitando y que podrían censurarnos. Nos piden que estudiemos o que tengamos un título. Pero sabemos que hay muchos congresistas que no tienen estudios superiores”.
EL ARTISTA Y SU ÉPOCA
Cada 31 de agosto, en Ayacucho, Carmen Aroni Salazar vuelve a ser reconocida como Ventura Ccalamaqui, la heroína quechua que participó en los alzamientos contra el ejército español en Huamanga. También ha representado a María Parado de Bellido y ha actuado en películas, documentales y videoclips. No se formó en una escuela de arte.
“Yo soy docente, pero en paralelo hago teatro. No he sido formada en una escuela de arte. Entonces, me estarían discriminando, estarían vulnerando nuestro derecho a la libertad de laborar”, sostiene Carmen Aroni.
Cuestiona que el Congreso haya aprobado una ley sin considerar la diversidad cultural del país ni las distintas formas de aprendizaje artístico. En Ayacucho, gran parte del arte popular se transmite en la familia, en los barrios, en las comunidades y en las fiestas, explica.
“El Perú es un país pluricultural y multicultural. En Ayacucho tenemos una gama de artistas populares. Los grandes amautas, reconocidos como patrimonio cultural y que han llevado nuestras artes a diferentes lugares y países, ¿dónde quedan?”, pregunta.
La actriz advierte que la norma no solo excluye a quienes no tuvieron formación académica. También podría abrir una vía de control sobre la creación artística.
“Esta ley está atentando contra la creatividad. Nos quieren mutilar ese derecho. Si nos parametran, ¿dónde queda la autenticidad del artista?”, cuestiona.
Para Aroni, el Congreso debería atender otras necesidades urgentes del sector: mejores condiciones laborales, seguro de salud y jubilación digna. “Si quieren mejorar la situación de los artistas, para eso están las asociaciones, los gremios y los sindicatos. Pueden visitar cada región y conocer cuáles son nuestras necesidades”, señala.
EL ARTISTA VALIDADO POR EL PUEBLO
Chano Díaz Límaco es una de las figuras más esperadas en cada carnaval en Ayacucho. Las comparsas de los barrios de Andamarca y San Blas lo llevan casi como una insignia. Vuelve siempre a Huamanga para las fiestas y participa tocando la quena, aunque su trayectoria está profundamente ligada al charango.
Ha participado en más de 300 discos y fue director musical de la película documental “Sigo siendo” (2013). Proviene de una familia fundamental para la música tradicional andina: su abuelo, Alejandro Límaco, fue guitarrista, y su madre, Rosa Límaco Banett, intérprete de huaynos. Para él, la creación de un colegio profesional para artistas es “un despropósito total”.
“El arte existe incluso antes que la escritura, antes de que se formara cualquier gobierno. Antes que cualquier instancia burocrática. El artista no necesita una validación burocrática. No necesita un papel. Al artista lo valida su pueblo y lo valida el tiempo”, afirma.
Chano Díaz Límaco recuerda que grandes representantes de la música peruana no recibieron formación académica. Cita a Óscar Avilés, Raúl García Zárate, Jaime Guardia, Carlos Hayre y Máximo Damián. “Imagínate que ellos tuvieran que hacer cola para ser colegiados. Eso no tiene ningún sentido”, dice.
También percibe un riesgo de censura si el colegio profesional contara con un tribunal de ética capaz de evaluar expresiones artísticas. “Yo no me voy a colegiar jamás. No seré parte de ninguna censura al arte, ningún tipo de veto”, resalta.
HABLA LA MEMORIA
Venuca Evanán Vivanco es hija de la migración sarhuina. Sus padres llegaron de Sarhua a Lima y trabajaron en distintos oficios para sostener a la familia. Esa historia, marcada por el desarraigo, el trabajo y el arte, aparece en una de sus tablas dedicadas a su madre.
“Ella vendía ropa. En su honor he pintado su historia”, relata.
En la primera escena de la obra, su madre aparece en la comunidad, cuidando ovejas. Luego, ya en Lima, trabaja como empleada del hogar. Más arriba, Venuca Evanán resalta su labor como madre, ambulante y parte de una olla común que alimentaba a pintores sarhuinos en la capital.
Su padre, Primitivo Evanán Poma, y su madre, Valeriana Vivanco Espinoza, fueron sus maestros. “Estas enseñanzas no vienen de una academia. Vienen de un entorno familiar, de una resistencia comunitaria, donde hay cultura, donde hay memoria”, sostiene.
Las tablas de Sarhua registran historias familiares, mitos, costumbres y denuncias de violencia. Durante el conflicto armado interno, pintores sarhuinos utilizaron este soporte para narrar el dolor, la rabia y la memoria de sus comunidades. Una de esas series, 'Piraq Causa' —“¿Quién será el culpable?”—, forma parte hoy de la colección del Museo de Arte de Lima.
Primitivo Evanán recuerda que ya hubo intentos de censura contra estas obras. En 2018, algunos cuadros sobre violencia política fueron señalados falsamente de apología al terrorismo. “Si ya sin esta ley querían censurarnos, y hasta había congresistas que decían que esto debería quemarse, ¿qué pasará ahora?”, pregunta.
Para Venecia Evanán, la ley reproduce una jerarquía antigua: la que separa al artista académico del artista popular, al creador universitario del creador formado en la comunidad.
“Te van segmentando y encajando en una sola forma de aprender, cuando en las comunidades tenemos otras formas de aprendizaje, como la transmisión familiar”, señala: “Están creando más división, racismo y discriminación contra otras expresiones y formas de aprender”.
Por su trabajo recibió el Premio Talento Joven en la sección Opening New Galleries de la feria española ArcoMadrid 2026. Su obra se expone en prestigiosos museos del mundo, entre ellos el Reina Sofía de España.
UNA LEY QUE DEBE ELIMINARSE
Los artistas ayacuchanos coinciden en un punto: no rechazan la organización del sector ni la mejora de sus condiciones laborales. Cuestionan que el Estado pretenda regular con criterio académico la creación artística, desconociendo la diversidad cultural del país.
Consideran que la ley puede dejar fuera a artesanos, músicos, pintores, danzantes y artistas populares que aprendieron en casa o en sus comunidades. Temen que vulnere el derecho al trabajo y a la creatividad, convirtiendo el arte en trámite burocrático.
“No dividan más al país”, piden. “Nosotros seguiremos adelante con nuestro patrimonio, con nuestras ideas y con nuestra creatividad. El arte no se va a morir”, coinciden.