Casemiro: "Siempre seremos la generación de Brasil que no ganó el Mundial"
Brasil siempre aspira a ganar el Mundial, un logro imposible de conseguir todos los años, pero caer en octavos contra Noruega es un fracaso en el país del fútbol. Por eso Casemiro lloró cuando le entrevistaron después del partido, roto y fracasado. Por eso el país se pregunta por qué Vinicius no tiró el penalti.
El equipo de Erling Haaland dejó eliminada a la canarinha en un choque que tuvo su capítulo más impactante lejos del césped, en la zona mixta donde los jugadores brasileños se enfrentaron a una prensa y a un país que esperaba otra cosa. Casemiro fue el último en salir y el que se llevó todas las cámaras, porque lo que ocurrió ante los periodistas superó cualquier análisis táctico del partido.
La escena que paralizó Brasil
Una periodista brasileña le pidió que les dijera algo a los niños del país, y la pregunta lo hizo pedazos. "Nosotros y ustedes en unos meses nos olvidamos. Pero la realidad de Brasil es diferente para la mayoría de los niños, ellos no tienen ese tiempo de seis o tres meses para recuperarse. ¿Qué les dices a ellos ahora para que no dejen de creer?", le lanzó la reportera. Casemiro tardó unos segundos en responder, se llevó la mano a la cara y rompió a llorar sin poder contenerse. "Es difícil, no hay palabras", consiguió decir con la voz entrecortada mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
El centrocampista, que llegó al Mundial con un palmarés construido en el Real Madrid y el Manchester United, se derrumbó ante una pregunta que tocó algo más profundo que el resultado del partido. No era el fútbol lo que le hacía llorar, era la responsabilidad de representar a millones de niños que viven el fútbol como una ventana al mundo.
El peso de tres Mundiales perdidos
Casemiro recogió entonces el dolor acumulado de una generación entera, la suya, que ya suma tres intentos fallidos de levantar la Copa del Mundo. "Es el sueño de todos ganar una Copa del Mundo, es la tercera vez que lo intentamos, es muy duro. Ahora lo mejor es estar con la familia", afirmó antes de que los propios periodistas presentes en la zona mixta le pusieran la mano en el hombro para reconfortarle. La escena fue tan inusual como reveladora: la prensa acabó consolando al jugador, con los roles completamente invertidos respecto a lo que suele ocurrir en esos pasillos después de una eliminación.
El jugador asumió también la etiqueta que pesará sobre esta selección para siempre. "Siempre seremos la generación que no ganó el Mundial", dijo, con la lucidez amarga de quien sabe que el tiempo no va a cambiar ese veredicto. Y antes de marcharse, añadió: "Es difícil. Solo quiero estar con mi familia. Lo dimos todo, pero perdimos nuestro sueño… decepcionamos a todos los brasileños".
Brasil carga con una exigencia que ningún otro país vive igual en el fútbol. Ganar el Mundial es la obligación mínima, y cada eliminación temprana se convierte en un duelo nacional que va mucho más allá de un marcador. Casemiro lo sabe mejor que nadie porque lleva años siendo uno de los pilares de esa selección, uno de los futbolistas a los que el país señala cuando llega el momento de dar la cara. Y dio la cara, aunque le costó las lágrimas delante de todos.
Lo que ocurrió en esa zona mixta resume mejor que cualquier estadística lo que significa el fútbol en Brasil, y también el peso insoportable que cargan los jugadores de una selección que siempre parte como favorita y siempre tiene que explicar por qué vuelve a casa antes de tiempo. Casemiro no tuvo palabras para los niños brasileños, pero su llanto dijo más que cualquier discurso.