Estación turística lanzó materia fecal a río del Parque Nacional Corcovado durante dos años
La Estación Biológica Sirena, en el Parque Nacional Corcovado, descargó durante al menos dos años materia fecal y aguas residuales a un afluente del río Sirena, dentro de este santuario natural, declarado área silvestre protegida en 1975.
El vertido ocurrió pese a un historial de denuncias, inspecciones y varias órdenes sanitarias emitidas por el Ministerio de Salud.
Desde el 2024, no solo no se corrigieron los derrames en la planta de tratamiento, sino que se elevó el flujo de visitantes en la zona, lo que atizó la situación.
Así consta en oficios del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) que ordenó, el mes pasado, fuertes restricciones al turismo, luego de documentar los graves hallazgos.
Conocían el desperfecto tanto la Asociación de Desarrollo Integral Corcovado-Carate (ADI Corcovado-Carate), permisionaria que vende el hospedaje y la alimentación en esa estación biológica, como el personal del Minae.
Al momento de esta publicación, ninguna de las dos entidades respondió a consultas enviadas por La Nación desde el 16 de junio.
El Parque Nacional Corcovado (Osa, Puntarenas) resguarda más de 42.000 hectáreas de bosques, playas, manglares y humedales. National Geographic lo describió como “el lugar biológicamente más intenso de la Tierra”, por su inusual diversidad biológica que no es excedida por ningún área de similar tamaño en el planeta.
Sirena es el principal punto de ingreso a ese santuario natural, donde una estadía de dos días, una noche y tres tiempos de comida le cuesta allí a un turista extranjero unos $117, pero la mayoría llega bajo un régimen de paquetes turísticos que rondan los $345 y los $450.
Las múltiples advertencias
Desde el 10 de mayo del 2024, el Ministerio de Salud ya había alertado de la situación y esa no era la primera vez. Ese día emitió una orden sanitaria (MS-DRRSBRU-DARS-G-OS-0033-2024) como resultado de otras dos órdenes previas que documentaban la avería sanitaria (MS-DRRSBRU-DARS-G-OS-0014-2024 y MS-DRRSBRU-DARS-G-OS-0017-2024).
En esa oportunidad, en específico, ordenó, como plan remedial, instalar una nueva planta de tratamiento, probar cumplimiento de normas con reportes periódicos y regular todo ante la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena), adscrita al Minae.
El plazo para resolver la situación se fijó para el 31 de diciembre del 2025, casi 19 meses después.
Sin embargo, en abril del 2025, ocho meses antes de esa fecha límite, se inició en Sala Constitucional otro proceso, a raíz de contaminación sanitaria, que culminó en agosto de ese mismo año.
Los magistrados, en su sentencia N°. 2025-024842, ordenaron a Paula Mena Corea, entonces directora regional del Área de Conservación Osa (Acosa), del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), reducir el aforo que había sido elevado a 700 visitantes diarios en el 2023.
Esa dirección, en consecuencia, redujo el afloro a 242 visitantes diarios y 129 espacios de hospedaje en el Parque.
Posteriormente, en agosto del 2025, el Sinac documentó dos desfogues de aguas residuales venidos de Sirena: uno por la ruptura del drenaje de cocina y otro de “origen desconocido”, según consta en la N.° SINAC-ACOSA-DAP-PNC-AD-0227-2025.
Para entonces, habían pasado casi 15 meses desde la orden de Salud, sin que la falla se resolviera. La administración del parque optó por recomendar que ese ministerio, o bien, una empresa certificada, determinara si esas aguas eran contaminantes.
Inspección confirmó contaminación
Dos meses después, en octubre de 2025, Salud emitió su informe técnico, tras una inspección en el sitio y comprobó un vertido a la quebrada Camaronal proveniente de la planta de tratamiento, de acuerdo con el oficio N.° MS-DRRSBRU-DARS-G-IT-0849-2025,
Esa quebrada desemboca en el estuario inferior del río Sirena, dentro del parque, y cuyo cauce pasa por detrás de la estación Sirena.
Salud también detectó que en Sirena operaban seis sistemas de tratamiento: cinco funcionaban como tanques sépticos con drenajes al subsuelo, mientras la planta principal descargaba en la quebrada Camaronal sin demostrar ningún cumplimiento normativo.
Luego, el 25 y el 27 de noviembre del mismo año, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) y el Laboratorio Nacional de Aguas inspeccionaron y tomaron muestras.
Materia fecal sobre aguas de santuario natural
Los resultados confirmaron sólidos suspendidos en el agua y otros parámetros fuera de los límites establecidos en el reglamento de vertido y reúso de aguas residuales.
Aquel muestreo ocurrió faltando poco más de un mes para que venciera el plazo sanitario, fijado para el 31 de diciembre del 2025.
Semanas antes, el 10 de noviembre, la Dirección Regional del Área de Conservación Osa detalló mejor la magnitud del derrame.
En otra carta interna del Sinac se reconoció que la instalación “no está funcionando como una planta de tratamiento propiamente dicha, sino que opera como un tanque séptico que vierte aguas residuales” en la quebrada Camaronal. Así se consignó en el oficio N.° SINAC-ACOSA-D-638-2025.
Posterior al 31 de diciembre del 2025, cuando ya había vencido el plazo dado por Salud, documentación revisada por este diario reveló que la planta seguía operando sin las especificaciones requeridas.
Consultada sobre si conoció las fallas en la planta de tratamiento de Sirena y qué acciones tomó, Paula Mena Corea,la otrora directora regional del Área de Conservación Osa, dijo que no contestaría porque, según alegó, esa explicación le corresponde a la actual administración del Área de Conservación. Esa entidad ni el Minae respondieron en las consultas enviadas.
Segunda inspección
En marzo del 2026, Salud hizo otra visita de seguimiento y constató que no había disposición de baterías sanitarias, ni operación conforme al diseño del sistema principal. Tampoco detectó reportes operacionales y, por el contrario, halló otras falencias operativas como falta de fluido eléctrico.
Esa cartera entonces concluyó que la planta seguía descargando en la quebrada Camaronal y que, en el estado observado, era “limitante para la operación de todos los servicios en la Estación Biológica Sirena”.
Tercera inspección
Dos meses después, el 11 de mayo de este año, personal del Parque Nacional Corcovado y de la empresa de tratamiento de aguas Prevessa documentaron los hallazgos más graves:
⇒ La planta presentaba “nulo mantenimiento”
⇒ Faltaban equipos
⇒ Había paneles de control sin identificación clara y ausencia de aireadores, un componente clave para que el sistema funcione como planta de tratamiento y no como tanque séptico.
La administración del parque consignó ese mismo día un dato puntual: cuando Sirena operaba al tope de su ocupación de turistas y personal, la planta liberaba material fecal al río Camaronal.
Cuatro días después, el 15 de mayo, en una reunión con representantes de Bionest, empresa fabricante de la planta original, se indicó que la planta soportaba una carga de 100 personas por día pero, sin fluido eléctrico permanente, operaba en la práctica como un tanque séptico.
El vertido se agravaba, según se documentó, con cargas superiores a 200 personas por día.
Solo en el 2025, Corcovado recibió a 115.000 personas, en promedio 315 por día, luego de un aumento de su aforo en el 2023. Ese año, fueron 85.000 personas (un 35% menos), según datos del Sinac.
Restricciones al aforo
Tras esa reunión, fue que el Sinac ordenó las primeras restricciones significativas: un aforo de 150 personas por día hasta julio (50 en hospedaje y 100 para visita diaria).
Mientras que para agosto y setiembre, Sirena solo atenderá 100 personas (30 en hospedaje y 70 personas al día) y luego cerrará en octubre para reparar la planta y, según la previsión, reabrir en diciembre.