Hace dos años que Kate Middleton vivió uno de los momentos más difíciles de su vida. A principios de 2024 ingresó de urgencia en el hospital para ser intervenida de la zona abdominal por una dolencia que nunca se ha hecho pública, pero meses más tarde se desveló que habían encontrado muestras de tejido canceroso. Por lo tanto, empezó un tratamiento y se apartó durante meses de la vida pública, sin que la Familia Real británica diera más informaciones sobre su estado de salud. Lo que en otras familias hubiera sido considerado normal se convirtió en una suerte de conspiración mundial que obligó a Kate a dar la cara en uno de sus momentos más bajos. Quizás por esa insistencia del público en conocer más detalles sobre el diagnóstico, o quizás por pura elección personal, los Príncipes de Gales decidieron mantener en privado todo este proceso. Pero un extrabajador de la clínica londinense que trató a Kate consideró esto como su oportunidad para hacerse de oro . Es una de las pesadillas del Príncipe Guillermo, que vio a su madre ser víctima de esa misma clase de invasiones de la privacidad. Pero, por suerte, en esta caso se paró al culpable antes de que fuera demasiado tarde. Así lo ha aclarado la 'BBC', que explica que la investigación de la ICO (equivalente británica a la Agencia Española de Protección de Datos) comenzó en el mismo mes de marzo de 2024. Fue entonces cuando un miembro del equipo de la London Clinic intentó acceder a la información de la Princesa mientras era paciente, tras la operación que había ocurrido semanas antes, en enero. «Estamos satisfechos de que nuestro trabajo con la ICO [la Oficina del Comisario de Información] haya resultado con la conclusión de este incidente triste y aislado. No se han producido infracciones de la regulación por parte del hospital», ha comunicado un representante de este centro de salud privado. El empleado fue amonestado, lo cual ha sido considerado por la oficina como «la respuesta apropiada y proporcional». No se conoce cuál fue la amonestación, pero sí se especifica que ahora es extrabajador. Tal y como se ha descubierto en la investigación, había habido un «mal uso deliberado de información altamente sensible y personal» e incluso «una oferta para hacerla pública a cambio de ganancia financiera ». Sin embargo, los sistemas puestos en marcha para evitar precisamente este tipo de situaciones funcionaron. Precisamente para la London Clinic esta habría sido una puñalada posiblemente mortal, puesto que es uno de los centros de salud más utilizados por la Familia Real. Se describen a sí mismos como el hospital privado e independiente más grande de Reino Unido, y se encuentra a solo unos metros de Regent's Park. Fue también aquí donde el Rey Carlos III se trató sus problemas de próstata, o donde también acudieron por sus respectivos problemas de salud el Príncipe Felipe de Edimburgo y la Princesa Margarita.