El mandato al nuevo gobierno
El resultado de las urnas del 7 de junio habla de un país que quedó partido casi en dos mitades exactas. Con el 96.29% de actas contabilizadas, la diferencia entre los dos candidatos se ubica por debajo del 0,3%. La ONPE, tras las evaluaciones del JNE, convertirá ese conteo en proclamación oficial en los próximos días.
Sin embargo, los resultados del balotaje entregan, además, otro mensaje que merece la misma atención. Más del 30% de los peruanos habilitados para sufragar se ausentaron de las urnas, pese a la obligatoriedad del sufragio. Casi el 6% de los votos emitidos fueron viciados, una cifra que sobresale incluso en el contexto regional. Esas señales retratan a una ciudadanía que encuentra distancia con las opciones que le presenta el sistema político y que la expresa de la única manera disponible.
En ese sentido, el presidente que asuma en julio hereda un mandato construido sobre ese conjunto de señales. Y ante ello, la agenda que le espera tiene temas prioritarios.
En primer lugar, la seguridad ciudadana encabeza las encuestas de preocupación ciudadana desde hace años. Por otro lado, la economía requiere garantías de inversión solo posible con el respeto general al Estado de Derecho, además de acciones de mitigación frente a los efectos del Fenómeno El Niño.
Aunque todo parece que las instituciones autónomas del Estado todavía aguardarán por un gobierno que restaure su independencia después de años de captura política liderada por el fujimorismo.
El resultado ajustado obliga al nuevo gobierno a construir una mayoría de gestión que amplíe su base electoral. Un gobierno que llega al poder con menos de un punto porcentual de diferencia tiene en esa estrechez la oportunidad de demostrar que gobernar para todos es posible, si lo hace con visión estatal.
Gobernar solo para la mitad que lo eligió es la tentación más fácil y el camino más corto hacia la ingobernabilidad, solo superada por la violencia y la represión, como lo hizo la gestión de Dina Boluarte, quien aún goza de la impunidad que el Estado captura ofrece.
Veamos cómo quien resulte electo como próximo jefe de Estado gobierna para el país entero, incluida la mitad que votó distinto y además de los millones que eligieron ausentarse. Ese es el mandato real que dejan las urnas.