Hay compras que solemos posponer hasta que dejan de ser una opción. El portátil que
tarda diez minutos en encenderse,
la batería que no sobrevive a una videollamada o ese momento en el que abres quince pestañas y el ventilador empieza a sonar como si estuviera despegando un avión. Y es entonces cuando toca enfrentarse a una realidad poco apetecible:
buscar uno nuevo sin dejar temblando la cuenta bancaria.Leer más
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