Hay veces que el Rocío llega poco a poco. Y otras en las que se queda para siempre desde el primer camino. A Adolfo del Cerro Merino le ocurrió hace ya 28 años, cuando todavía no imaginaba que acabaría presidiendo la Hermandad de la Virgen del Rocío de Toledo ni que dedicaría buena parte de su vida a sostenerla. Él llegó desde Toledo por trabajo. Florista de profesión, la hermandad le encargó adornar la carreta del simpecado para la romería del Lunes de Pentecostés. Fue, en principio, un encargo más. Pero aquello terminó convirtiéndose en una forma de vida . «Fue venir y ya no quererme ir», resume ahora a ABC, durante una parada del camino, con la naturalidad de...
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