El INSS le niega la invalidez por esclerosis pero el Tribunal dice lo contrario: "Es la diferencia entre conformarse y pelear de verdad"
Un trabajador diagnosticado con esclerosis múltiple primaria progresiva ha logrado que la Justicia le reconozca una gran invalidez después de que el IMSS considerara inicialmente que únicamente le correspondía una incapacidad permanente absoluta.
El caso ha sido expuesto por el abogado laboralista Víctor Arpa, que ha querido mostrar la enorme diferencia que existe entre ambas figuras y la importancia de demostrar cómo afecta realmente una enfermedad a la vida en sí.
Según explica el letrado, el afectado sufría un deterioro físico cada vez más acusado. Caminaba con enormes dificultades, necesitaba apoyos para desplazarse, tenía problemas de coordinación y también dificultades para hablar. A ello se sumaba la dependencia creciente para realizar tareas básicas a diario.
Pese a esa situación, el Instituto Nacional de la Seguridad Social consideró inicialmente que no procedía reconocer la gran invalidez. "Muchos procedimientos se centran solo en el diagnóstico", explica Arpa, que considera que ahí estuvo precisamente el principal error del caso.
"La clave no era la enfermedad, la clave era demostrar la dependencia"
La estrategia jurídica, según relata, se basó en cambiar completamente el enfoque. Más que dotarle de la importancia que se merece la enfermedad, el despacho trató de demostrar hasta qué punto el trabajador necesitaba ayuda constante de terceras personas para actividades esenciales como vestirse, asearse, comer o desplazarse.
Al fin y al cabo, son actividades que en caso de estar mermado físicamente se pueden volver muy complejas si se hacen de manera totalmente independiente; esa fue la idea en la que se centró Arpa para la defensa de su cliente.
"Jurídicamente la clave no era la enfermedad, la clave era demostrar la dependencia", sostiene. Para ello recopilaron informes médicos, limitaciones funcionales y detalles concluyentes sobre cada día del afectado, todo ello con el objetivo por supuesto de acreditar que no se trataba de simples dificultades, sino de que su autonomía no estaba garantizada.
Finalmente, el Tribunal tribunal terminó dando la razón al trabajador. Incluso, según explica Arpa, el propio médico evaluador había reconocido previamente la necesidad de ayuda de terceras personas para actividades básicas. La resolución acabó reconociendo la gran invalidez.