La Bóveda Global de Semillas, o "la cámara del fin del mundo", gana el Princesa de Asturias de Cooperación Internacional
Cambio climático, crisis geopolíticas y migratorias, pandemias, guerras, hambrunas... el mundo no para de tambalearse. Las amenazas contra la supervivencia de especies ya son una tendencia diaria. Y no debe olvidarse que, entre el caos y los intereses estratégicos, es la salvaguarda de nuestro entorno, el natural y el cultivado por los humanos, de lo que depende nuestro porvenir. Pero, ¿cómo proteger ese futuro? ¿Qué ocurriría si una plaga, una sequía, una inundación o una catástrofe bélica acabase con nuestras materias primas? Existe un lugar creado precisamente para eso: para funcionar como guardián de nuestra biodiversidad. En la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard, Noruega -a unos 1.300 kilómetros del Polo Norte-, se ubica la Bóveda Global de Semillas, un enorme espacio subterráneo que guarda semillas de miles de plantas de cultivo de todo el mundo. Un almacén de labor tan primordial -más en los tiempos que corren- que se ha hecho merecedor del Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026.
Recibe un galardón que, en la pasada edición, recayó en el economista y estadista Mario Draghi. Un reconocimiento que, cada año, lo concede la Fundación Princesa de Asturias a personas o instituciones cuya labor haya contribuido al conocimiento, progreso o fraternidad entre los pueblos. Y qué mejor ejemplo de ello que la bóveda de Svalbard, conocida popularmente como "la cámara del fin del mundo", inaugurada en 2008 con el objetivo de salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento en caso de una catástrofe local o mundial. Con una extensión de más de mil metros cuadrados se trata de un espacio que, además, está construida para resistir a terremotos de hasta 10 grados en la escala de Richter, bombas, erupciones volcánicas y otro tipo de grandes catástrofes.
Liderada por Noruega e impulsada por un modelo de multilateralismo eficaz, la Bóveda, explica el jurado del Premio, "reúne la colaboración de numerosos países, instituciones científicas y organizaciones internacionales en torno al objetivo común de garantizar la base genética de los sistemas alimentarios y el conocimiento acumulado durante milenios por las distintas culturas agrarias de otro planeta". Con más de 1,3 millones de muestras que representan miles de variedades de plantas cultivables, esenciales para la seguridad alimentaria de la humanidad, el jurado "ha valorado la cooperación silenciosa de esta infraestructura crítica y estratégica como legado para las generaciones futuras", añade el acta.
En la práctica
Ban Ki-moon, ex secretario general de las Naciones Unidas, describió la Bóveda, durante una visita en 2009, como "una póliza de seguro global", así como "un regalo a la humanidad y símbolo de paz". Esta suerte de "Arca de Noé" de las plantas, al que también se ha llamado "banco de semillas del Día del Juicio Final", cuenta con un edificio exterior de 130 metros de altura y, en su interior, un túnel subterráneo que se adentra a lo largo de 130 metros. La capacidad de la bóveda es de 4,5 millones de variedades de plantas, así como cuentan con 1,2 millones de muestras. Entre ellas, hay semillas de más de 250.000 tipos de trigo, 160.000 tipos de arroz y 46.000 tipos de maíz. Todas ellas, ordenadas a partir de una clasificación y con un estudio detallado de sus características.
El depósito de semillas se realiza de forma gratuita, y son propiedad indiscutible del banco de germoplasta depositante que es, además, el único que puede solicitar su devolución. Hasta la fecha, almacena semillas pertenecientes a 129 instituciones y gobiernos depositantes y, además de arroz, trigo y cebada, otros cultivos representados son el sorgo, las especies de frijol Phaseolus, el maíz, el caupí, la soja, el kikuyo o el garbanzo.
Se han dado ocasiones en las que ha sido necesario abrir la cúpula para acceder a las muestras, demostrando la Bóveda de su necesaria utilidad para preservar el futuro de las nuevas generaciones. La primera fue en 2015, cuando el Centro Internacional de Investigación Agraria en Áreas Desérticas, ubicado en Siria, no consiguió proteger sus materiales biológicos de la guerra y de la crisis que atravesaba el país. Su banco de semillas resultó devastado, y contenía 150.000 muestras de cereales, alimentos y piensos procedentes de más de cien países. Afortunadamente, una parte importante de esta colección se aseguró mediante duplicación y almacenamiento en Svalbard. Por tanto, extrajeron semillas para rebastecerse a finales de ese año, y con una segunda fase en 2017: se sembraron en el Líbano y Marruecos para después devolver una copia a la cripta del archipiélago noruego.
En 2024, por su parte, 61 bancos de genes depositaron más de 64 000 muestras -cifras récord en la historia de la Bóveda-, incluyendo 21 instituciones que lo hicieron por primera vez. En 2025, la Bóveda recibió más de dos mil muestras de semillas de sorgo, mijo perla, cacahuete, sésamo, sandía y melón Vigna, provenientes del Banco Nacional de Germoplasma de Sudán, que fue atacado durante la guerra civil del país africano. En febrero de este mismo 2026 se realizó el primer depósito del año, con semillas de dos nuevos países -Guatemala y Níger- y el primer depósito de semillas de olivo en la historia de la Bóveda, con una participación destacada de instituciones españolas.