El "tapado" de la campaña andaluza que quita el sueño a Sánchez y que ha empezado a inquietar a Moreno
Hasta hace apenas unas semanas era un dirigente prácticamente desconocido fuera de determinados círculos militantes andaluces. Hoy, José Ignacio García se ha convertido en uno de los nombres propios de la campaña electoral y en el dirigente que más inquietud genera en Ferraz y también en el PP andaluz. No porque vaya a ganar las elecciones, ni siquiera porque aspire a gobernar. Su amenaza viene de su capacidad de alterar el equilibrio de toda la izquierda andaluza y convertirse en el factor que termine decidiendo si Juanma Moreno conserva o no la mayoría absoluta.
El líder de Adelante Andalucía ha sido el único candidato que realmente ha crecido durante la campaña hasta situarse por encima del 8% del voto y, según algunos sondeos, entre 5 y 8 escaños, por encima incluso de Por Andalucía. Este ascenso tiene un efecto rebote en la campaña del PP porque reduce la seguridad de la mayoría absoluta del PP, al mejorar la capacidad de la izquierda alternativa para convertir votos en escaños.
García representa, según cuentan en la tierra, una nueva mutación del andalucismo político de izquierdas. Nacido en Cádiz en 1985, profesor de Geografía e Historia y procedente del sindicalismo estudiantil y de los movimientos sociales, se formó políticamente en el espacio que en Andalucía construyeron Teresa Rodríguez y los sectores más autonomistas y críticos con la dirección estatal de Podemos. Su perfil mezcla militancia clásica de izquierda, discurso identitario andaluz y una estrategia de comunicación muy distinta a la de la izquierda tradicional.
"No habla como la vieja izquierda parlamentaria. Tampoco como la izquierda madrileña que ha monopolizado durante años el discurso progresista nacional", admiten en el PSOE andaluz Su éxito en campaña tiene mucho que ver, precisamente, con eso. Mientras PSOE y Sumar se han quedado atrapados en debates nacionales, García ha convertido Andalucía en el centro absoluto de su relato político: vivienda, precariedad juvenil, jornaleros, turismo masivo, salarios bajos y sensación de agravio territorial.
Su discurso conecta especialmente con votantes jóvenes urbanos y con una parte del electorado desencantado del PSOE que no quiere abstenerse, pero tampoco identificarse con la izquierda vinculada a la figura de Yolanda Díaz. En esta campaña ha sido tan hábil como para explotar, además, la ventaja táctica de no cargar con el desgaste institucional del Gobierno de Sánchez ni con las guerras internas de Sumar. "Va por libre, el lastre de Madrid es insostenible", explican en su círculo político.
En Ferraz preocupa especialmente que Adelante Andalucía haya dejado de ser una fuerza testimonial para convertirse en un refugio electoral del descontento progresista. Algunos de los últimos sondeos publicados han confirmado que la distancia entre los socialistas y toda la izquierda situada a su izquierda se reduce ya a apenas cinco puntos, y esta erosión rompe el que fuera uno de los pilares históricos del socialismo andaluz, su capacidad para concentrar casi todo el voto útil progresista.
Pero, según ha confirmado este periódico en fuentes solventes populares, el fenómeno también empieza a observarse con atención y preocupación en el PP. "El susto puede no venirnos de Vox. Cuanto más crezca Adelante Andalucía en determinadas provincias, más difícil puede resultarnos alcanzar el escaño 55. Sabemos que la batalla final depende solo de unos pocos miles de votos capaces de mover el último diputado en Sevilla, Cádiz o Málaga".
El “tapado” de la campaña se ha convertido en una figura incómoda para todos. Para el presidente del Gobierno, porque demuestra que hay una izquierda que busca una alternativa fuera del sanchismo y de sus socios. Y para el PP, porque su crecimiento amenaza con convertir una cómoda victoria de Moreno en una noche de alto suspense.