Unas elecciones clave para las economías andaluza y española
Hoy es jornada de reflexión en la campaña de las elecciones regionales andaluzas, puesto que mañana se celebrarán dichas elecciones. Obviamente, cada ciudadano hará lo que considere oportuno, y no es mi intención decirle a nadie qué tiene que votar –y menos, en la jornada de reflexión– pero sí que es necesario señalar que las elecciones de mañana no son solo unas elecciones regionales, sino que la economía y sociedad andaluzas y españolas se juegan muchísimo, pues la senda que seguirán será una u otra según sea el resultado. No se trata de diferencias de matiz, pues no nos encontramos ante la disyuntiva entre dos programas políticos templados, sino que al liberal-conservadurismo se le enfrenta un programa de izquierda radical. Adicionalmente, para que se aplique el primero tampoco tendrá el mismo efecto si se parte de una mayoría sólida o si requiere de pactos posteriores.
La realidad es que en los últimos siete años y medio Andalucía ha conseguido claros resultados, de manera que ha ido recuperando el puesto que le correspondía históricamente en su aportación a la actividad económica nacional, pues no olvidemos que la llamada Castilla Novísima fue centro neurálgico del comercio del imperio de la monarquía hispánica, con la Casa de la Contratación de Indias, y más tarde concentró gran parte de la riqueza nacional, agrícola en su mayor medida, pero también industrial en los comienzos de la industrialización española. Ahora, avanza firmemente para situarse entre las regiones económicas más punteras de España.
Frente a ello, se encuentra la opción del PSOE, cuya candidata, María Jesús Montero, hasta anteayer, como quien dice, vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez, ha dicho que quiere aplicar en Andalucía lo mismo que Sánchez en el resto de España. De ser así, la política económica que aplicaría, a imagen de la de Sánchez, como ella ha dicho, sería la de un elevado gasto público, que llevaría a Andalucía a un importante déficit estructural, una elevada deuda y un nivel muy alto de impuestos. Toda dicha política económica, de ser igual que la de Sánchez, apostaría por el corto plazo en lugar de por el largo plazo. Antes de que gobernase Juan Manuel Moreno, en Andalucía solo había gobernado la opción socialista, y, efectivamente, su política económica es diametralmente opuesta a la seguida por el actual presidente andaluz. Es, por tanto, tan legítimo emplear una política económica como emplear otra. Ahora bien, al igual que no hay una única política económica posible, no dan los mismos resultados una u otra.
Los que prefieran un mayor peso e intervención del sector público; que se paguen impuestos más altos; que el gasto sea elevadísimo; que el déficit crezca como herramienta de política económica intervencionista; y que la deuda se multiplique, tienen la opción de Montero y de la izquierda, sabiendo cuáles van a ser los resultados: la de la actividad económica y empleo que había en Andalucía en los 40 años en los que gobernó el PSOE, la de los resultados que vemos con la política económica cortoplacista de Sánchez.
Los electores que, por el contrario, prefieran la política económica de medio y largo plazo del liberal-conservadurismo, tienen que preguntarse si desean una mayoría sólida o si prefieren un gobierno de coalición, con el menor dinamismo en la acción de gobierno que puede haber en este segundo caso, por la propia naturaleza que tiene siempre un gobierno de coalición. Deberán valorar qué creen que les conviene más.
Andalucía y España se juegan mucho en las elecciones de mañana, pues distintas políticas dan distintos resultados. Conocemos los resultados cuando se ha aplicado una política liberal-conservadora, como la de Moreno, como la de Aznar, como, en definitiva, la de Feijóo. También conocemos cuáles son los resultados económicos cuando se ha aplicado la política socialista, como la de los gobiernos del PSOE en Andalucía en los que participó Montero, y la del socialismo extremo, que es el gobierno de Sánchez, al que perteneció Montero y que ella toma como referencia. Y también conocemos las diferencias en la gestión cuando un gobierno va en solitario o cuando está coaligado.
Los andaluces han de decidir qué quieren, si una Andalucía con la política y resultados de Zapatero, Sánchez y Montero, o si una con la política y resultados de Feijóo y Moreno, y si con más libertad de acción o si en coalición. Yo tengo claro lo que prefiero para Andalucía y para España, pero no voto en dicha región y es jornada de reflexión. Les toca a los andaluces elegir qué resultado económico prefieren y, en función de eso, qué opción desean, pensando en que su elección va a ser fundamental para las economías y sociedades andaluza y española.