El primer paso comienza con un listado telefónico, para llamar al bulto, pero con la certeza de que al otro lado descolgará siempre una persona de avanzada edad. «Hola, buenos días señora, ¿me escucha?», saluda agitado el interlocutor, antes de dar paso a su particular función . «Mi nombre es Juan Antonio y estamos llamando del Hospital Central», prosigue el supuesto doctor, cuyas identidades y centros en los que trabaja cambiarán en función de la potencial víctima. También lo hará el sexo del hijo supuestamente herido, hasta el punto de que una segunda voz masculina se unirá a la conversación si esta tiene un vástago o será una mujer la que haga de gancho en caso contrario. Y todo para...
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