Y nos dieron las diez como homenaje a Sabina, el cantante y poeta al que le hubiese gustado ser torero. Con toda la noche encima arrastraron al último, que era el octavo de un festejo que se alargó tres horas. No merecía ese final, como tampoco merecía ese principio, la corrida de Conde de Mayalde , de extraordinarias hechuras y buen juego, nobles y con fijeza, con ese cuello que se descolgaba desde que aparecían por chiqueros. Un lujo que se les escapó a las figuras. Así se viene a Madrid, ganadero. A pesar de su interminable metraje, fue una corrida interesantísima, en la que Román cortó la única oreja de un gran toro, pero al conjunto le colgaban más....
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