El Carnaval de Venecia llega a Buenos Aires
No se trata de una fiesta. Tampoco de un baile de disfraces. Se trata de una cita con una época que existió hace siglos. Ese mundo es el del Carnaval de Venecia. Y, por una noche, va a existir en Buenos Aires. Todo viajero que se encuentre en Buenos Aires el 20 de junio difícilmente encontrará algo similar.
Detrás de esta idea está Sara Rivero, fundadora de Il Ballo Costumes, una firma artesanal dedicada al vestuario histórico y fantástico que, desde hace una década, trabaja entre la creación, el alquiler y la producción de trajes para particulares, teatro y proyectos escénicos, con una sólida trayectoria en el ámbito artístico. Su universo no nace de la moda, sino de la reconstrucción. “No son disfraces —explica—, es ropa que quedó fuera de moda hace cientos de años”. Esa diferencia lo cambia todo.
Porque lo que sucederá esa noche —en la que Il Ballo Costumes celebra su décimo aniversario— no es una representación, sino una inmersión. La cita será en el corazón del barrio de San Telmo, en el Club Casablanca, una sala de teatro que, durante esa noche, dejará de funcionar como tal para convertirse en un verdadero puente al pasado.
Convertirse en otro
Durante cinco horas, el público dejará de ser público. Será corte, será máscara, será personaje. Podrá convertirse en duque, en arlequín, en pierrot. Podrá moverse entre otros sin ser reconocido, protegido por ese extraño poder que siempre han tenido los antifaces: el de permitir ser uno mismo a través de otro.
Y para que esa experiencia sea posible, no hará falta ningún tipo de conocimiento ni preparación especial. Las entradas, ya disponibles, incluyen el acceso al baile junto con el vestuario completo —histórico o de fantasía veneciana—, además de máscaras y antifaces realizados a mano, concebidos para culminar la transformación. Cada asistente seleccionará previamente su atuendo en el atelier de Il Ballo Costumes, donde piezas únicas permiten construir un personaje propio antes incluso de cruzar la puerta del evento.
Los asistentes encontrarán no solo un salón, sino un dispositivo escénico pensado para esa experiencia. La pista de baile, el escenario, los espacios de descanso y hasta un set fotográfico convivirán en una estructura que recuerda más a un teatro que a un evento convencional.
Un baile, no un espectáculo
Porque, en esencia, será un baile. Un baile de los de antes. No uno que se observa desde la distancia, sino uno que se aprende en el momento. Un maestro de ceremonias guiará a los asistentes en danzas colectivas como el minueto o la contradanza, rompiendo cualquier barrera entre quienes saben y quienes no. Allí, quien entre tendrá que dejarse llevar.
La noche, además, estará construida como un crescendo. Comenzará con la delicadeza de la música clásica y el canto lírico, continuará con intervenciones performáticas y números de acrobacia, y avanzará hacia territorios más libres, donde incluso el burlesque tendrá su lugar. Hasta desembocar en un final donde la música actual tomará el relevo y la pista se convertirá en algo completamente distinto: una celebración sin época.
Entre medias, el movimiento será constante. El catering circulará entre los asistentes, como en los grandes bailes europeos, con servicio continuo de canapés y bebidas, sin interrupciones, sin cortes. El ritmo no se detiene. Nada se detiene.
El porqué de todo esto
Y, sin embargo, lo más interesante no está en la puesta en escena, ni en el vestuario, ni siquiera en la música. Está en el porqué.
Buenos Aires, con su verano intenso y su forma de vivir el carnaval, nunca ha podido experimentar este tipo de celebración con la densidad estética que requiere. El calor lo impide. La ligereza lo transforma. Por eso, trasladar el espíritu veneciano al invierno no es solo una elección estética, sino casi una necesidad.
Es en el frío donde estos trajes encuentran su sentido.
Y es en la noche más larga del año donde ese viaje resulta más creíble. Porque cuando la oscuridad se alarga, el tiempo parece ceder. Y en ese pequeño margen, todo puede ocurrir.
Una noche para recordar quién puede ser uno
Il Ballo Costumes celebra así su décimo aniversario no mirando hacia atrás, sino profundizando en la idea que lo originó: que es posible construir realidades paralelas si se cuidan los detalles. Que la belleza no es superficial cuando está sostenida por historia. Y que, a veces, basta con una noche para recordar que somos más de lo que creemos ser.
La intención de Sara es tan simple como ambiciosa: abrir la puerta a una experiencia distinta. A un espacio donde no hace falta pertenecer, ni saber, ni encajar. Solo estar dispuesto a entrar, a jugar, a transformarse.
Un encuentro abierto a quienes quieran vivir algo fuera de lo habitual, sin importar la edad —siempre que sean mayores de 18 años— ni la experiencia previa. Porque aquí no se viene a saber, se viene a sentir.
Porque, al final, eso es lo que siempre ha sido el Carnaval de Venecia: un lugar donde desaparecer… para aparecer de otra manera.
Y, esta vez, no habrá que viajar a Italia para vivirlo, sino a la capital argentina.