El tema tabú que saca a Sánchez de sus casillas: no quiere oír hablar de ello
Las tensiones internas en el PSOE aumentan. Desde hace unos días, los socialistas están reviviendo los peores momentos de su historia reciente: el comité federal del 1 de octubre de 2016. Hace justo una década, el partido se fracturó en dos para vomitar a Pedro Sánchez, que dimitió como secretario general apenas dos años después de ser aupado.
Aquella jornada extenuante, de 11 horas, dejó un partido abierto en canal que hoy día cree haber apartado a todos los antisanchistas declarados. Quienes conocen a Sánchez explican que "es muy sensible" a todo lo que le recuerde a ese día. "A nadie le gusta, y a él tampoco, que le recuerden un día en el que los tuyos se mataron porque no te querían", comenta una fuente que trabajó con Sánchez aquellos años.
Lo cierto es que el PSOE vive en tiempo de descuento. Una nueva hornada de liderazgos está ascendiendo dentro de la organización. El último en llegar ha sido el secretario general en Extremadura, Álvaro Sánchez Cotrina, de 39 años, quien ha sido encumbrado este fin de semana en un congreso regional al que Sánchez decidió no acudir pese a tener la agenda despejada.
Los críticos socialistas explican abiertamente que "las heridas" de aquel comité federal "no se han cerrado". Es más, aseguran que aquellas horas son claves para entender la forma en que Sánchez ha ejercido el liderazgo desde entonces. También sostienen que hubo purgadas "que continúan marginados".
La ejecutiva que lideraba Sánchez ese día terminó dimitiendo y una gestora, capitaneada por Javier Fernández, cogió los mandos del partido para llevarlo a una abstención que permitió a Mariano Rajoy ser investido presidente del Gobierno unas semanas después.
Ahí nació el famoso "no es no" de Sánchez que le llevó, tras renunciar a su acta de diputado, a disputar de nuevo el liderazgo del partido en unas primarias en las que se impuso a la expresidenta andaluza Susana Díaz y al actual portavoz en el Congreso, Patxi López.
Sánchez volvió a a la secretaría general en 2017. Ya de nuevo a los mandos del partido, el líder socialista modificó los estatutos para blindar el poder decisorio de la militancia, que está entregada al presidente. Se puede decir que hizo del PSOE una organización más vertical y presidencialista.
Sánchez pelea por un resultado que le permita legitimarse para seguir al frente del PSOE
La sucesión de Sánchez, que está empeñado en volver a ser el candidato en las próximas elecciones, está en espera. Buena parte de la organización aguarda a que las urnas resuelvan. El líder pelea para quedar, al menos en votos, por encima del PP. Así, Sánchez podrá blandir legitimidad para seguir al mando y controlar el proceso de cambio, toda vez que ya ha expresado su intención de "culminar la década".
Aunque en caso de que el golpe que sea letal, los socialistas consultadas admiten que habrá un "levantamiento" interno que presionará para que el líder se vaya. "Será entonces cuando, previsiblemente, habrá sanchistas que estarán dispuestos a traicionarle", concede un destacado socialista.
Las fuentes consultadas admiten que al presidente "le cabrea" que se hable de su salida. Mientras, el partido aguarda el resultado en Andalucía. Las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo marcarán las cartas con las que tanto el presidente, como la oposición, jugarán lo que queda de legislatura.