Rafa Jódar puede con Fonseca en el duelo del futuro que ya es presente, y se mete en octavos del Mutua Madrid Open
De la batalla en la grada a la batalla en la pista. El horario nocturno de domingo elegido para el partido entre Rafa Jódar y Joao Fonseca no echó para atrás a los aficionados. Que mañana se curra, no pasa nada, hay un nuevo héroe en la capital, y además se llama como el jugador más aplaudido en esa pista; y encima el segundo más querido, Carlos Alcaraz, lleva dos temporadas sin poder jugar. El “Rafa, Rafa” consiguió apagar a los animosos aficionados brasileños, que no eran pocos, pero seguro que no eran muchos y seguro también que gritaban muy alto. Por momentos, la pista Manolo Santana parecía un estadio de fútbol.
Y durante mucho rato, el encuentro entre los dos jóvenes más prometedores del circuito en la actualidad, los dos de 2006, 19 años, se convirtió en un duelo en “OK Corral” del que Jódar salió vencedor (7-6 [7/4], 4-6 y 6-1).
La competición de ver quién era capaz de pegarle más duro estaba igualada. El primero en amenazar fue Fonseca, con dos pelotas de break la primera vez que restó. Las salvó Jódar con un servicio a 214 por hora y con otro a 212. Y una tercera la solucionó con un remate. Eran casi las once de la noche, pero qué más daba, el espectáculo merecía la pena. Rafa y Joao intercambiaban bombas desde el fondo de la pista, sin apenas pisar la zona de la red. Los tiros de derecha en carrera del brasileño eran cañonazos, pero tenían respuesta en el madrileño. Gritaban los aficionados con cada ganador. Gritaban “a por ellos, oé”, pese a que sólo había un Fonseca, aunque pudieran parecer varios por la violencia de sus golpes. En ocasiones quería tirar tan fuerte, que se pasaba y la mandaba fuera, cuando con mucho menos hubiera sido suficiente. Llegó el primer break del español, concretado con dos reveses paralelos más suaves, pero no lo mantuvo y al siguiente juego encajó una rotura en blanco.
El encuentro alcanzó el “tie-break” sin muchos sustos, pero con varios puntos memorables. Impecable fue el comienzo del desempate de Rafa, lo que le condujo a un 5-1. Perdonó el 6-1 con un tiro fácil y vio cómo se acercaba su rival (5-4), pero mantuvo la calma para que la afición enloqueciera, con su jugador levantando los brazos, cómodo en ese ambiente.
Había dado primero Jódar, pero en el comienzo del segundo set se enredó un poco y ya arrastró el break que hizo que el partido se decidiera en el tercero. No hay que olvidar que apenas es el octavo torneo ATP que disputa el madrileño, mientras Fonseca está más fogueado en esos escenarios. La ventaja moral parecía del suramericano, pero a Rafa le quedaban balas en la cartuchera y tuvo temple para no precipitarse, aunque por momentos pareciera hiperactivo pidiendo la toalla o una botella de agua. El más experimentado, en teoría, fue el que reventó y al encajar la primera rotura en el tercero lo pagó con su raqueta: un, dos, tres, cuatro golpes contra la tierra hasta hacerla trizas.
Jódar estaba sobreviviendo pese a que sí parecía tener un punto débil en el segundo saque, algo más frágil que el de su oponente, un aspecto por tanto en el que tiene mejora. Apenas superaba el 40 por ciento de puntos ganados con él, pero por contra era más eficaz con el primero. Sus restos buscando ser profundos todo el rato y hacían daño, por mucho que en ocasiones se fueran largos por medio metro. Le daban más de lo que le quitaban.
Con la ventaja en el bolsillo, Rafa no permitió que los nervios le traicionaran. Cuando el partido parecía que entraba en un terreno peligroso para él, no flaqueó, pero es que este chico se aprende las lecciones de dos en dos. Después del 4-0 afrontó otras pelotas de rotura, una ranura por la que Fonseca podía colarse. No le dejó. Con una derecha ganadora a la línea llegó el punto y final. La raqueta de Jódar también fue al suelo, pero no para romperla, sin para poder disfrutar más libre lo que había conseguido.
De momento, el español ya está en los octavos de final del Mutua Madrid Open, en los que se enfrentará al checo Kopriva, sorpresa en el torneo después de vencer a Rublev y a Rinderknech.