Desde la pandemia, la producción de drogas sintéticas va en aumento y, con ello, las muertes por sobredosis: alrededor de 200.000 en el mundo, según la ONU. Estos estupefacientes son cada vez más dañinos y, sobre todo, más baratos. La última gran amenaza son los nitazenos, un grupo químico de más de 20 compuestos cuyo efecto es 40 veces más potente que el del fentanilo, una sustancia responsable de un millón de muertes en veinte años. Los nitazenos no han parado de crecer desde su detección en la calle, allá por 2019, ni de aumentar sus víctimas: más de mil muertos entre Europa y Norteamérica en los últimos seis años. Cifra que incluye a un joven de 21 años en Navarra en 2024 (aunque se ha sabido ahora), la única muerte en España. Aunque el problema podría ser mucho mayor ya que su detección en los pacientes que ingresan por consumo de drogas requiere de pruebas que no suelen solicitarse. El problema es que muchos profesionales sanitarios ni siquiera han oído hablar de los nitazenos, aunque se trata de sustancias con 70 años de antigüedad. Fueron desarrolladas en la década de los cincuenta por la empresa química suiza CIBA con el fin de utilizarlos como analgésicos. Comprobaron, sin embargo, que sus efectos eran muy adictivos, que implicaban un alto riesgo de depresión respiratoria y que no ofrecían ventajas sobre sustancias como la morfina. El desarrollo se abandonó y nunca fueron comercializadas. Ahora bien, al ser compuestos de investigación farmacológica, aquellos estudios fueron publicados en literatura científica, lo que permite a cualquier químico avezado deducir su estructura y sus métodos de síntesis. Fue así como el narcotráfico acabó hallando en los nitazenos justo lo que necesitaba: una droga potente en dosis pequeñas, que se sintetiza sin dificultad y es de difícil detección. Se puede fabricar cerca del consumidor y reducir costes. Al narco, además, no le importa convertir a sus clientes en conejillos de Indias, ya que estas sustancias, vendidas en polvo y en tabletas azules, nunca han sido sometidas a ensayos y apenas hay datos sobre sus efectos en el organismo. Para colmo, muchas veces se mezclan con otras drogas como la heroína y el fentanilo y con pastillas falsas de oxicodona, sin conocimiento de los usuarios. El Gobierno estadounidense ha acusado a varias empresas de China de enviar las materias primas químicas para su producción en México y Estados Unidos. Curiosamente, las tres primeras muertes por sobredosis de nitazenos se produjeron en Europa, en Suiza en 2019.