Como cantaba en aquel fandango La Paquera: «Se va la noche que es bella, viene clareando el día». Salen los chavales de la Feria con ganas de apurar la alegría, este fin no encuentra un punto que lo cierre, y hay que ponerse a buscarlo por alguna parte. Tampoco uno consigue vocalizar del todo bien, y funda un idioma que se constituye en ese momento en el que la madrugada empieza a despedirse cabalgando en mitad de las estrellas. La cama queda lejos, muy lejos, tanto que el aire es una almohada en la que echarse a fabular. Ya no se siente nada, o se siente todo lo importante, todo lo que configura el momento, el ahora, que es el...
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