España es un país de tradiciones. Pero, ¿realmente sabemos de dónde vienen? La mayoría de las veces, no. Hacemos muchas cosas por costumbre y nunca nos hemos preguntado por qué las hacemos.
Uno de los ejemplos más claros es la rapidez con la que se gestiona un fallecimiento: en cuestión de horas se organiza el traslado por parte de la funeraria y, en menos de un día, ya se ha celebrado la ceremonia. Cada persona afronta la pérdida a su manera. Hay quienes necesitan tiempo para asimilar la pérdida y quienes, en cambio, prefieren que todo ocurra lo antes posible.
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