Fue y sigue siendo la única plaza porticada de Andalucía, pero los cordobeses de muchas generaciones nunca han visto una plaza de la Corredera estática, museificada, que se mantuviera intocable. No ha dejado de evolucionar. Nunca perdió la esencia de sus arcos y la curiosa asimetría que le daban lo que fue prisión y ahora es mercado y aquella casa que su dueña consiguió mantener al margen, pero cada generación de cordobeses desde el siglo XIX la conoció con cambios. En 1893 se le añadió un mercado central con armazón de hierro, una especie de adelanto de la modernidad en la ciudad. A mitad del siglo XX se derribó en la época en que la Corredera estaba llena de puestos...
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