La frase de Séneca que todos necesitamos: "Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella"
La vida es un viaje cuyo final puede llegar de forma completamente inesperada. A pesar de que el paso de los años puede hacerse eterno, habrá un momento en el que este se pare, sin opción a dar marcha atrás. Por ello, el político y filósofo estoico Séneca quiso dejar una lección atemporal en la que instaba a los individuos a sentir sus emociones más puras, sin dejarse llevar por estas, para darle un sentido al camino recorrido.
Dentro de las corrientes filosóficas, el estoicismo ha retomado su popularidad gracias a sus nociones acerca del autocontrol y la fortaleza de los individuos. Entre sus autores, uno de los más reconocidos fue Séneca, caracterizado por una calma imperturbable y un profundo conocimiento del control de las emociones humanas. No obstante, también era consciente de que la ausencia de estas generaba un vacío en la mente de las personas.
La pasión y las emociones bien gestionadas se convierten en motivación y fuerza en la vida
Siguiendo esta línea de pensamiento, una de las frases más populares atribuidas a Séneca es: "Un hombre sin pasiones están tan cerca de la estupidez que solo le falta abrir la boca para caer en ella". En esta oración, el filósofo no solo incita a las personas a cultivarse en aquello que más les interesa, sino también a sentir sus emociones más puras. Este mensaje, aunque pueda parecer contradictorio con el estoicismo, demuestra que el verdadero control no reside en la ausencia de emociones, sino en saber cómo manejarlas para que estas no dirijan el comportamiento de los individuos.
Entre las emociones más útiles, y relacionadas con la pasión, está el entusiasmo. Detrás de este se encuentra el deseo de aprender, la curiosidad y la necesidad vivir diferentes experiencias en la vida, es decir, de adquirir conocimientos y vivencias que cultivarán tanto la mente como el espíritu. Una persona sin emociones no encontrará ese incentivo por mejorar en la vida, lo que lo convertirá en una persona carente de pensamiento crítico y juicio propio. En palabras de Séneca, este individuo caerá en la "estupidez".
Por ello, lo esencial en la vida no es desconectar las emociones, sino aprender a gestionarlas para convertirlas en la fuerza y motivación necesarias para hacer de la vida una experiencia que valga la pena. No solo los sentimientos considerados tradicionalmente como positivos, sino también aquellos como la ira o la tristeza, los cuales, bien manejados, pueden ser el motor para llevar a cabo cambios importantes en la rutina.
De ser condenado a muerte a ser consejero del emperador, la vida de Séneca estuvo marcada por el estoicismo
Nacido en Córdoba en el año 4 a.C., Lucio Anneo Séneca comenzó su formación filosófica en Roma, en donde vivió con su tía Marcia. Allí, recibió nociones de retórica y filosofía con la intención de convertirse en senador. Además, tuvo la oportunidad de conocer las diferentes corrientes filosóficas de oriente gracias al marido de su tía, el cual era el gobernador de Egipto.
Durante su formación, demostró un especial interés en la escuela estoica, fundada en el siglo 3 a.C. por Zenón de Citio en Atenas. Este movimiento filosófico se caracteriza por el control de las emociones y la aceptación de los altibajos de la vida. Asimismo, demostró un gran talento para la oratoria, logrando ser uno de los miembros más escuchados y respetados en el Senado, a pesar de su juventud.
Este talento y gran intelecto le llevó a ser condenado a muerte por el emperador Calígula, quien decidió dejarle con vida debido a su mala salud; y por el emperador Claudio, quien lo veía como un peligroso opositor pese a encontrarse fuera de la vida pública desde su primera condena a muerte. Séneca también logró salvarse de esta última condena, pero fue desterrado a la isla de Córcega. Allí permaneció ocho años tras varios intentos de conseguir el perdón y recibir críticas por ello.
Tras su regreso, Séneca se convirtió en el tutor de Nerón, quien fue nombrado emperador a los 17 años y convirtió al filósofo en uno de los principales consejeros. En este periodo, Séneca consiguió llevar a cabo diferentes medidas como mejorar el trato de los esclavos, disminuir la corrupción y reducir la presión fiscal. Todo ello siguiendo los principios fundamentales del estoicismo.