Los fuets son casi un emblema de la charcutería española, especialmente de la catalana. Son embutidos secos elaborados con carne magra y grasa de cerdo, mezcladas con especias y embutidas en tripa natural antes de someterse a una lenta curación. Herederos de recetas ancestrales, estos embutidos no solo destacan por su proceso artesanal, sino también por su aporte proteico y su sabor intenso y característico, fruto de una técnica que ha perdurado generación tras generación. Sin embargo, como ocurre con muchos alimentos, se extienden prácticas para su consumo que pueden arruinarlos. De esto advierte el carnicero detrás de la cuenta de TikTok @el_as_carnicero, quien indica uno de los errores más comunes al consumir fuet. El experto comienza su vídeo con una recomendación contundente: «Nunca hagas esto». «El fuet no se lava bajo el grifo», revela a continuación, consciente de que muchos consumidores lo hacen antes de consumirlo porque no les gusta la piel. Esta acción que parece inofensiva, explica, altera el proceso de elaboración del embutido: «Eliminas el moho protector, humedeces la tripa, estropeas la curación y así no te aporta los matices característicos de este embutido». De esta forma, a aquellas personas que no quieren comer este embutido con piel les recomienda pelarlo, pero insiste en no mojarlo. El fuet no es considera precisamente como un alimento saludable, pero no ocurre nada por consumirlo de vez en cuando. Además, será más o menos sano en función de diversos factores. «Depende de su materia prima, método de elaboración y su contenido de grasa y sal», explica Guillermo Reglero, doctor en Química, catedrático de Ciencias de la Alimentación en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética. En este sentido, los fuets artesanales pueden ofrecer ventajas frente a los industriales, especialmente cuando se elaboran con carne de producción ecológica o de raza ibérica y con menos aditivos, «lo que se traduce en menor presencia de almidones y sal. Si la proporción de carne magra es mayor y la de tocino menor, se reduce el contenido de grasa saturada». En cuanto a su consumo con piel, la Academia Española de Nutrición y Dietética señala que «la capa blanca es similar a la del queso Brie o Camembert y forma parte de la identidad del producto». Solo debe retirarse cuando se trate de tripa sintética, «siempre indicada en el etiquetado». Por último, la conservación resulta clave para mantener sus propiedades. Entero, «debe guardarse colgado en un lugar fresco (10–15 °C), seco y ventilado, lejos de la luz solar y de fuentes de calor». Una vez abierto, Reglero recomienda refrigerarlo adecuadamente: «Hay que evitar plásticos herméticos, que favorecen la humedad, y cambios bruscos de temperatura».