El timbre sonando a horas intempestivas, un trajín de toxicómanos subiendo y bajando las escaleras, peleas y el riesgo de que un incendio, consecuencia de venganzas o de las condiciones insalubres de los inmuebles, pueda incluso comprometer sus vidas. Convivir con un narcopiso es un auténtico calvario para muchos vecinos: «Mucha gente ha optado por vender e irse; esto es un infierno diario». Lo explica a ABC un vecino de un bloque de pisos de Noia (La Coruña), donde desde hace meses se asienta un narcopiso que trae de cabeza a todo un barrio. El piso está ubicado en un edificio de la calle Pintor Arximiro Suárez, muy céntrica, frente a un parque y cerca del paseo marítimo. Lo regenta...
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