Un enigma ocupa las mentes de los que estudiamos el arte de gobernar. ¿Qué podemos hacer ante el ascenso de los populismos? En el caso de Francia, defendí en este mismo espacio que solo se acabaría con el fenómeno Le Pen cuando tuviera que gobernar y se viera que sus promesas se las llevará el viento porque son simplemente imposibles. En el caso de España, defendí que la generación de mis hijos y la izquierda populista española (Podemos) tenían que probar a gobernar para acabar con la gran mentira de que los socialistas de antaño éramos unos traidores. Ahí están ahora en la irrelevancia. En Vigo en 1999, Fraga y Cuíña me ofrecieron los votos del PP para elegirme alcalde...
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