Ocupación total de Gaza: la estrategia de Netanyahu para perpetuarse en el poder
En Gaza, el silencio nunca es señal de paz, sino el instante previo a una nueva tormenta. Este viernes, el Gabinete de Seguridad de Israel, presidido por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, aprobó su plan para ocupar militarmente la ciudad de Gaza, el corazón urbano, más poblado y que representa cerca del 25% del territorio del enclave palestino. El otro 75% ya está bajo control militar israelí, lo que supone el control total de facto de la Franja.
La decisión llegó tras diez horas de reunión a puerta cerrada en Jerusalén. De ese encuentro salieron cinco principios que, según el gobierno, guían la operación: el desarme completo de Hamás, la devolución de todos los rehenes, la desmilitarización total de Gaza, el control de seguridad exclusivo por parte de Israel y la instauración de un gobierno civil que no esté encabezado ni por el movimiento islamista ni por la Autoridad Palestina.
Sobre el terreno, esto se traduce en una orden de evacuación masiva para la población civil y en un despliegue militar visible desde el espacio: imágenes satelitales muestran como cientos de vehículos militares y centenares de soldados se están agolpando en la frontera, listos para entrar cuando se de la orden.
Soldados israelíes en Gaza.
La reacción internacional no se hizo esperar. Naciones Unidas advierte que esta ofensiva ampliada tendrá consecuencias “catastróficas” para civiles y rehenes. Egipto y Jordania temen que la violencia se derrame sobre sus territorios. China, Portugal, Maldivas y Arabia Saudita llaman a detener el avance. Alemania, que históricamente a sido una de las mayores aliadas de Israel, ha dado un paso inédito: suspender exportaciones de equipo militar. Incluso dentro de la Unión Europea crece el debate sobre la relación con el gobierno de Netanyahu. El aislamiento diplomático se empieza a asomar.
En el frente interno, las divisiones son igual de profundas. Yair Lapid, líder de la oposición, acusa a Netanyahu de actuar para complacer a los ministros ultraderechistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, en vez de priorizar la vida de los rehenes. El propio jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, presentó una alternativa que evitaba la ocupación directa, argumentando que ponía en peligro mortal a los secuestrados. La propuesta fue descartada. Afuera, en las calles de Jerusalén y Tel Aviv, familiares de rehenes gritan su angustia: “Esta decisión es una sentencia de muerte para los nuestros”.
Desde Gaza, Hamás acusa al primer ministro israelí de querer “continuar con su política de genocidio y desplazamiento cometiendo más crímenes de guerra contra el pueblo palestino”. El grupo armado señaló que el anuncio de una ocupación total “representa una clara marcha atrás en el curso de las negociaciones y revela claramente los verdaderos motivos detrás de su retiro de la ronda final”. Además, indicaron que llevarse a cabo el plan de Netanyahu, el “costo sería alto“, apuntando hacía los rehenes.
La crisis humanitaria sigue profundizándose
En su actualización más reciente, el Ministerio de Salud de Gaza informó que 61 mil 258 personas han muerto y 152 mil 45 han resultado heridas en ataques israelíes desde que comenzó el conflicto hace ya cerca de 2 años. Asimismo, cuatro personas han muerto por desnutrición en las últimas 24 horas, lo que llevaría el número total de muertes por desnutrición desde el inicio de la ofensiva israelí a 197, incluidos 96 niños.
Cientos de palestinos recogiendo suministros cerca de uno de los centros de reparto de la GHF. Vía X @Timesofgaza 08/08/2025
La ONU calcula que el 87% de la Franja está bajo orden de evacuación o declarada zona militar. Más de un millón de personas malviven en campamentos saturados, sin agua potable, sin electricidad y con raciones mínimas. En algunos casos, la ayuda humanitaria entra… pero bajo fuego.
En tanto, las bombas no dejan de caer, dentro de la zona de la ciudad de Gaza, este viernes nuevos ataques aéreos tuvieron lugar en el enclave y una decena de palestinos murió en las cercanías de los centros de reparto de alimento.
Si no fuese poco el calvario, los hospitales en Gaza están al borde de cerrar, no por las bombas, la falta de medicina, las balas o el hambre, sino por la falta de combustible para funcionar.
Las razones de Netanyahu
Para comprender las razones que motivaron a Netanyahu y su gobierno a dar este paso, hay que mirar atrás. Antes del 7 de octubre de 2023, Netanyahu enfrentaba la mayor crisis interna de su mandato. Su reforma judicial, que limitaba el poder del Tribunal Supremo, había provocado protestas masivas en todo Israel. Había un riesgo real de que su coalición se fracturara. Los ataques de Hamás y el inicio del conflicto cambió el foco: la seguridad nacional se convirtió en la prioridad y las protestas se apagaron. Netanyahu aprovechó ese viraje para reforzar su liderazgo y mantener unida a su frágil alianza con la extrema derecha.
Esta no es una estrategia nueva para él. Desde hace décadas, Netanyahu construye su discurso en torno a la idea de que Israel vive bajo una amenaza existencial constante. Bajo esa premisa, medidas que en tiempos de calma serían impensables se vuelven aceptables. Sus críticos afirman que prolongar el conflicto no solo le permite mantener el poder, sino también distraer de sus juicios por corrupción y evitar rendir cuentas por su gestión.
De hecho, al terminar la guerra con Irán y la extraña tregua que le siguió, muchos analistas internacionales y militares incluso de Israel, se preguntaban porque no aprovechó la ventana de oportunidad y atacar directamente al Ayatolá o forzar un cambio de régimen. Desde entonces, las tensiones prácticamente continúan igual, sin la amenaza nuclear, pero solo por ahora. Expertos y el propio Irán ha afirmado que buscarán con más ímpetu su desarrollo nuclear. Es por la misma razón que permitió que Hamás fuese financiado y armado por diversos grupos por años, el Mossad sabía de todo esto y le informó a Netanyahu, pero éste decidió que así continuara.
Porque el poder de Netanyahu recae en el constante estado de emergencia y alerta que ha sostenido su carrera, y que ahora le permiten evitar los juicios en su contra.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Foto: Jolanda Flubacher.
Su retórica y sus políticas han profundizado las divisiones en la sociedad israelí, enfrentando a secularistas contra ultraortodoxos, a la izquierda contra la derecha y a la población israelí en general contra los palestinos. Esta polarización le ha permitido consolidar su base de apoyo, presentándose como el único representante de “la gente de verdad” frente a las élites.
Ha apelado repetidamente al miedo de los israelíes a los ataques terroristas y ha fomentado el resentimiento contra los árabes, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel. También ha desacreditado a sus oponentes internos, a los medios de comunicación y al sistema judicial, presentándolos como parte de una “cacería de brujas” en su contra. En la misma cacería que un viejo amigo de “Bibi”, como lo llama, ha jugado un rol protagónico en sustentar esta narrativa: Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, quien acuñó como cacería de brujas las acusaciones en su contra y presionó deliberadamente en favor del primer ministro israelí.
A pesar de ser un líder poderoso, Netanyahu se ha presentado como una víctima de los ataques políticos y judiciales, argumentando que sus problemas legales son un intento de sacarlo del poder por parte de sus enemigos. Al mismo tiempo, se posiciona como el único salvador que puede proteger a Israel de sus enemigos, reforzando la idea de que cualquier oposición es una traición a la seguridad nacional.
Pero este “victimismo” es una constante en la política internacional de Israel, más allá de Netanyahu, lo que ha hecho el primer ministro es profundizar esta retórica, pero ha sido tanto que llega a niveles ridículos que pocos realmente son capaces de sostener y defender, incluso al interior del propio Israel. Un claro ejemplo es cómo este mismo día acusó a Alemania de “premiar el terrorismo” por negarse a seguir exportando material militar a Israel, cuando dicho país es uno de los aliados occidentales, junto a Estados Unidos, que más fuerte ha defendido y apoyado a Israel
La prolongación del conflicto, se puede interpretar como una forma de posponer su juicio por corrupción y mantener su relevancia política en un momento de gran división interna. Este nuevo plan sigue esta lógica, pero es una lógica gastada, insuficiente y, por sobre todo, es una sanguinaria y despiadada forma de mantenerse a flote.
A pesar de que en las últimas semanas la posición de Israel y del gobierno de Netanyahu ha caído drásticamente en apoyo de aliados y propios, la suerte de los palestinos ya está echada. Porque en Gaza, cada destrucción masiva suele ir seguida de un periodo de calma aparente… y luego, el conflicto renace, más fuerte y más sangriento. El pueblo palestino sigue pagando el precio más alto, la vida y su identidad. Y aunque la historia juzgará a Netanyahu, a su gobierno y a sus seguidores, para quienes hoy esperan ayuda bajo los escombros, la justicia parece tan lejana como la paz.