Los cumpleaños se celebran echándole un pulso al tiempo, al que se le agradece su generosidad por dejarnos seguir siendo, por respetar que continuemos colocando velas encendidas de ilusión sobre la crema de una tarta. Cumplir noventa años con vitalidad primaveral, sin los sustos inevitables de los ciclos vitales, es casi milagroso. Casa Román, aquel colonial que levantó en un barrio aún vecinal y de calles terrizas un castellano de Guijo de Ávila en los años treinta, está ya a una década de alcanzar su centenario, al que no le hace falta ni himno ni letra. Porque su banda sonora, siempre en clave de cuerda, es la opuesta a la de los violinistas del Titanic. En Casa Román los violines...
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