A la ministra Teresa Ribera (ese cráneo privilegiado que descubrió al mundo que si uno se refugia a la sombra pasa menos calor que si se expone al sol) le preocupa que el juez García-Castellón tenga «querencia» a pronunciarse en «momentos políticos sensibles». A la Justicia, en las alegorías, la pintan con una venda en los ojos para significar, precisamente, que debe actuar sin consideración de las circunstancias ambientales y sin ceder a presiones externas de ningún tipo. Pero la ministra Ribera quiere jueces que se quiten la venda de los ojos y atiendan la «sensibilidad» del «momento político»; o sea, que se acomoden a los designios gubernativos. Aunque no lo sepa, la ministra Ribera no hace sino apuntarse a...
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