Era cuestión de días. Desde el instante en que el Parlamento de Galicia aprobó el martes los Orzamentos para 2024, la legislatura había entrado automáticamente en tiempo de descuento. No iba a haber más plenos en la Cámara ni careos entre el presidente de la Xunta y la lideresa de la oposición. El gobierno gallego podría seguir tomando decisiones mientras no llegase la disolución del Parlamento, pero todo aquello que necesitara ratificación legislativa habría de esperar hasta que se constituya la siguiente legislatura. Esto ya no daba más de sí. Así que Alfonso Rueda disipó el misterio: a votar el 18 de febrero. Ya dijimos que las elecciones se moverían entre la segunda quincena de febrero y la primera de...
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