Cualquier mañana en el Casco Antiguo es un trajín de turistas y visitantes que pasean por algunas de las calles más bucólicas de la ciudad. En la calle Toledo, esta semana, han pasado junto a una escalera de piedra totalmente vallada, en una estampa que sorprendía a los curiosos. Los vecinos no están tranquilos: «Tenemos miedo. La grieta cada día es más grande y si se cae la escalera no sabemos si el edificio puede ir detrás».