Nuestro cuerpo es una especie de tirano que trata de imponer su ley. No hay que fiarse demasiado de lo que nos pide porque, en general, suele reclamar asueto, lirili, molicie, perrería, bebidas espirituosas y desparrame nocherniego. Al cuerpo se le vigila y se le reprime para que no se apodere de nuestros confusos instintos. Pero en verano… ah, en verano la cosa cambia y conviene levantar el pie del freno para que el cuerpo también se tome sus licencias. A uno el cuerpo le demanda, de vez en cuando, por estas fechas, hamburguesa para cenar. Pero no me refiero a una de esas hamburguesas de diseño delicado a base de carne selecta y añadidos inverosímiles, no. Yo quiero hamburguesa...
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