El beso de Rubiales hay que tomárselo como se lo tomó Jenni Hermoso. Sin darle importancia . «No me gustó, eh. ¿Pero qué hago?». ¿A quién le va a gustar un beso de Rubiales? Si ha conseguido que Ángel María Villar nos parezca Felipe de Edimburgo. Ya lo dice la canción de Ortega y Moraleda: «en España el beso encierra alegría en el corazón». A ver quién discute eso al presidente de la federación. Que sí, que le coge la cara con las manos, que le planta un beso en los morros. Pero, demonios, que no estaba en la oficina con su secretaria. Y claro que «el beso, el beso, el beso en España, lo lleva la hembra muy dentro...
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