No es un secreto que el previsible gobierno de Feijóo se va a encontrar con numerosos obstáculos. Si hace lo que debe, algunos de esos obstáculos irán adornados con inflamadas manifestaciones callejeras, algo siempre muy vistoso, excepcional en la derecha pero connatural a las izquierdas de toda laya. Los sindicatos despertarán de su letargo con repentina furia. Los maestros desfilarán vociferantes. Los separatistas volverán a tener un enemigo común en el Gobierno de España. En lo económico, las restricciones obligadas tras los años de grifo abierto se achacarán –nada más fácil– a quien las aplica. Todos ellos son obstáculos superables. Sin embargo, habrá uno insalvable durante la primera mitad de la legislatura. Es el legado envenenado de Sánchez: la presencia...
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