Los templos, ciudades, fortalezas y otras grandes obras de la Antigüedad despiertan la fascinación de los apasionados por la historia y la arqueología. Sin embargo, hay hallazgos que caben en la palma de la mano que son capaces de transportarnos directamente al pasado, a un camino y al día a día más cotidiano de aquellas personas que no aparecen en los libros de historia más que identificadas como “el pueblo”. Esto es lo que consigue una tablilla encontrada en Jerusalén. Los nombres y números inscritos en la piedra suponen un descubrimiento único: un recibo de compra de hace 2000 años.
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