Carlo Ancelotti se autocondenó en el
Etihad Stadium, convertido este miércoles en una macrofiesta tras pasar por encima del
Real Madrid en las semifinales de la Champions. El técnico italiano sacrificó a
Antonio Rüdiger, freno de
Erling Haaland en el partido de ida en el
Santiago Bernabéu, y apostó en el centro de la defensa por un
Militao que se hizo un gol en propia meta y un
Alaba que quedó 'retratado' al girarse cuando
Bernardo Silva remató para anotar el 1-0, en lo que fue el principio del fin de los blancos, arrollados en su área y sin dar señales de vida en ataque.
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